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domingo, 6 de abril de 2014

Epigolo



Peter
Un profundo suspiro de pesar escapó de mis labios mientras miraba hacia abajo a la placa conmemorativa color bronce de mi madre.

sábado, 5 de abril de 2014

Capitulo: 35



—Lo siento. Lo siento. Lo siento —repitió él, apretando la parte trasera de mis  rodillas—.  No  quise 
decir  nada  de  ello,  lo  juro  por  Dios  que  no.  Le  hice prometer a Poli que no te llamara o te dijera que vinieras porque no podía soportar la  idea  de tú  viéndome  así  —dijo  sacudiendo  la  cabeza  con  tristeza—.  Cuando apareciste, pensé que moriría, y no podía pensar en nada más que alejarte. Así que dije e hice esa mierda solo para lastimarte, así te irías.  Tenías razón cuando me llamaste un cabrón.
Cuando jadee, él miro arriba hacia mí, lagrimas brillando en sus ojos. 
—Pero al momento en que me diste la cachetada, fue como si viera todo claramente  otra vez.  No  podía imaginar  no  tenerte  en mi  vida,  y me odié a mí mismo por hacerte eso.
—Oh, Peter —murmuré.
—Y juro por Dios que sí te amo, nunca he amado a ninguna chica como te amo a ti. Eres la cosa más increíble que me ha pasado en la vida. Es solo… que no sé qué hacer con todo esto. —Él golpeo su mano contra su empapado pecho―. Apenas  sé  cómo  estar  con alguien  cuando  estoy  completo.  ¿Cómo  demonios  se supone que voy a estar contigo cuando estoy tan jodidamente roto?
Cualquier  rabia  que  todavía  albergaba  por  él  se  derritió en  un instante. Corrí mis dedos a través de los mechones mojados de su cabello. 
—Bebé, eso es lo que es el amor. Estar al lado de esa persona en las buenas
y en las malas.
—Mereces más de lo que tengo para darte. Debí alejarme de ti hace mucho tiempo en lugar de ser egoísta y tratar de mantenerte conmigo.
Sacudí la cabeza. 
—No habrías sido capaz de mantenerme alejada. Te amo demasiado. Ese es el por qué estoy aquí ahora.
Su rostro se transformó en una máscara de agonía. 
—Ella va a dejarme. Por favor di que te quedarás,  incluso  aunque no te merezca.
—No voy a dejarte.  —Me moví hacia abajo hasta el suelo para envolver mis  brazos  alrededor  de  él—.  Voy  a  estar  aquí  en  cada  paso  del  camino.  Solo apóyate en mí. —Susurré en su oído. Él empezó a sollozar otra vez, aferrándose a mí—. Está bien, bebé —murmuré, pasando mis manos sobre su espalda.
La  lluvia  continuaba  empapándonos  mientras  Peter  lloraba incontrolablemente.  Cuando  él  finalmente  empezó  a  regresar  en  sí,  él  respiró entrecortadamente. 
—Lo siento, Ángel.
Me liberé de su abrazo para mirar sus ojos. 
—No más disculpas, ¿de acuerdo?
Él  asintió  antes  de  levantarse.  Ofreciéndome  su  mano,  me  alzó. Envolviendo  su  brazo  alrededor  de  mi  hombro,  me  atrajo  hacia  él  mientras empezábamos a caminar de regreso a la casa. Cuando entramos, una vez más estaba abrumada  por  toda la  familia y  amigos  llenando  las  habitaciones.  Peter  me hizo entrar en su baño.
Poli  había  traído  mi  bolsa  adentro,  así  que  rápidamente  cambié  mi  ropa empapada mientras Peter también lo hacía.
Estaba secando mi cabello cuando Peter apareció detrás de mí en el baño. 
—Ven  conmigo  a  ver  a  mamá.  —Rápidamente  apagué  la  secadora  y  lo seguí a través del pasillo. Una cama de hospital se encontraba ahora donde la una vez cama con dosel de Susan había estado. Su frágil forma parecía empequeñeceren la cama. Su hermana, Sally, y algunas de sus sobrinas se encontraban en el sofá de la esquina mientras su padre estaba en una silla. Ellos reconocieron mi presencia con sonrisas tristes.
Peter me indicó para que me sentara en una de las sillas que se encontraba cerca de la cama. Me senté mientras lo veía sentarse enfrente de mí. Peter tomó la mano de Susan en la de él y la besó.
—Mamá, estoy aquí —dijo suavemente.
No sé cuánto tiempo nos sentamos así, quietos como estatuas y esperando por algún tipo de respuesta de ella. Jadeé cuando los parpados de Susan finalmente se  abrieron,  y  ella  miró  alrededor  de  la  habitación.  Sabía  exactamente  a  quién estaba buscando. Una vez que la mano de Peter se estiró para tomar su mano, una brillante sonrisa apareció por todo su rostro. 
—Juan Pedro.
—¿Sí, mamá?
—¿Recuerdas la  historia que solía contar sobre el por qué te convertiste en músico?
Las  cejas  de  Peter  se  arrugaron  como  si  estuviera  confundido  por  su pregunta. 
—Uhm, sí, lo hago, pero que…
Ella sacudió la cabeza y luego se giró hacia mí. 
—Siempre  he  molestado  a  Peter  con  que  me  debe  todo  su  éxito  como cantante y guitarrista a mí.
Sonreí. 
—¿Lo hace?
—Oh  sí.  Debido  a  mi  estudio  y  mis  clases  de  baile,  estaba  rodeado  de música mientras estaba  embarazada de  él. Pasaba muchas horas con los grandescomo Mozart, Beethoven, y Brahms. Siempre lo sentía patear más cuando estaba enseñando  una  clase.  Era  como  si  me  estuviera  dejando  saber  que  ya  sentía  la música.
—Esa es una historia muy dulce.
Susan tomó una respiración irregular. 
—Sabes, pensé que nunca sería capaz de tener niños. Después de cuatro perdidas, me había rendido a tener un hijo propio. Mark y yo empezamos a pensar sobre adoptar cuando quedé embarazada otra vez. Con todos los otros embarazos, había sido tan cuidadosa de no estar de pie en los primeros días y semanas, pero esta vez no me permití apegarme. En su lugar, hice todo lo que usualmente hacía, montar a caballo en la granja de mi papá y dar lecciones de baile desde la mañana hasta  la  noche.  No  me  permití  creer  que  estaba  realmente  embarazada.  Pero después  de  que  otro  mes  pasara    todavía  estaba  embarazada,  empecé  a  tener esperanza  y  rezar  porque  esta  vez  fuera  real.  Y  cuando  alcancé  el  segundo trimestre, semanas donde antes había perdido los otros bebes, supe que finalmente conseguiría mi milagro.
Ella giró su cabeza para mirar hacia Peter. Lágrimas corrían libremente por sus mejillas, y él no se molestó en limpiarlas. 
—Mi dulce hijo, tú siempre has sido el sol en mi vida…
Cerrando sus ojos, Peter rogó:
—No hagas esto.
—Tengo que decir adiós, cariño, y tienes que dejarme hacer esto.
Su pecho subía y bajaba con fuertes sollozos mientras hundía su rostro en su pecho. Cuando su mano acarició la cima de su cabeza, no pude contener más mis emociones, y empecé a llorar. A mis sorbidos, Susan sonrió. 
—Lali, después de que me vaya, quiero que le recuerdes a Jacob la historia de su nacimiento. Cuando se deprima y esté tan abatido que no pueda pararse ocuando  piense  que  no  hay  ninguna  razón  para  continuar,  cuéntale  la  historia. Recuérdale que él fue un milagro y el regalo más precioso que jamás haya recibido.
Lágrimas corrían a través de mi rostro y caían en mi regazo mientras me inclinaba hacia adelante para tomar su mano en la mía. 
—Lo haré. Prometo que lo haré.  —Llevé su mano a mis labios y la besé antes de  presionarla  contra mi mejilla—. Prometo asegurarme  de  que él nunca, jamás se rinda, sin importar cuanto lo quiera.
—Le doy gracias a Dios porque te tiene, dulce niña. Cuidarán bien el uno del otro. —Ella sonrió mientras lágrimas brillaban en sus ojos—. Ustedes van a ser tan felices juntos y hacer los más hermosos nietos para mí.
Sus palabras nos hicieron a Peter y a mí llorar más fuerte. 
—Oh mamá —sollozó Peter. Él se levantó para besar tiernamente su mejilla.
—Tienes que dejarme ir, bebé.
Él sacudió la cabeza salvajemente de un lado a otro. 
—No puedo hacerlo. Por favor no me pidas eso.
Ella pasó su mano a lo largo de su rostro. 
—No es un adiós para siempre. Nos veremos otra vez. Y hasta entonces, vivirás una gran y feliz vida y me harás orgullosa.
—Lo haré.
Susan sonrió. 
—Ahora dime adiós.
La angustiada expresión de Peter me rompió, y  lloré abiertamente. Su pecho subía y bajaba con fuertes respiros.
—Adiós, mamá. Te amo muchísimo.
—Gracias, cariño. Yo también  te  amo.  —La mirada de Susan giró hacia mí—. Lali, ¿Recuerdas la canción del ángel de Oh Brother Where Art You?
Vimos  la  película  juntas  probablemente  tres  o  cuatro  veces  cuando  me estaba recuperando de los golpes. Ella  amaba  las  películas  de  los  Hermanos  Cohen  tanto  como  amaba  a George Clooney. 
—Sí, Angel Band. La conozco.
—Cántamela, por favor.
 No  sabía  cómo  podía  respirar  a  través  de  mis  sollozos,  mucho  menos cantar, pero de alguna forma me calmé y traté de conseguir la fuerza que no sabía sí tenía. 
—Mi último sol se está hundiendo rápido, mi carrera está casi por terminar—empecé.
—Eso es. Tan hermosa  —murmuró ella. Luego empezó a cerrar sus ojos mientras  Peter  mantenía  sus  brazos  envueltos  alrededor  de  ella.  Mientras  seguía cantando,  una  tranquila  sonrisa  se  formó  en  sus  labios.  Sus  respiraciones empezaron a ser más y más elaboradas. Cuando llegué al último verso, ella tomó un último respiro.
Y luego se había ido.
Peter se desmoronó, hundiendo su rostro en el pecho de Susan y llorando histéricamente. Una sinfonía de llantos hizo eco a través de la habitación mientras Sally y sus hijas empezaban a llorar al igual que el abuelo de Peter. Caminé alrededor del lado de la cama para envolver mis brazos alrededor de él. 
—Lo siento tanto —murmuré una y otra vez.
Justo cuando pensé que colapsaría de agotamiento por el dolor, Peter alzó su cabeza. Él desenvolvió mis brazos de él.
—Tengo  que  salir  de  aquí  —murmuró  antes  de  salir  corriendo  de  la habitación. Me encontré con Poli en el pasillo. 
—Ve con él —me urgió.
Asentí y luego me apresure detrás de Peter. Cuando llegué al porche, miré de derecha a izquierda antes de correr hacia el granero. 
—¿Peter? —llamé. Silencio hizo eco alrededor de mí. Dando vueltas, corrí por la colina hacia los establos. Me asome en varios puestos hasta que lo vi de pie en uno.
Con lágrimas todavía fluyendo por sus mejillas, Peter estaba ensillando un imponente caballo negro. Sintiendo mi presencia, Peter dijo: 
—Tengo que salir de aquí. Necesito dar un paseo.
Caminé hacia atrás mientras él guiaba el caballo fuera de la caseta. 
—Iré contigo.
Él me miró con sorpresa. 
—Tú no montas caballos después de que fuiste lanzada cuando eras una niña —me recordó.
Un temblor viajó a través de mí ante el recuerdo de todos esos años que habían pasado, pero sacudí la cabeza. 
—Los montaré por ti.
Peter se me quedó mirando por un minuto  antes  de tomar mi mano. Me llevó hasta el caballo. 
—Este es Lennon. —Él me dio una tímida sonrisa—. Nicolas quizá sea un fan de Paul McCartney, pero para mí todo tiene que ver con John Lennon.
—Me gusta.
—¿Lista?
—Tanto como puedo estarlo.
Tensión y palabras sin decir colgaban pesadamente entre nosotros. Estaba perdida en que decir para consolarlo. Él acababa de experimentar la peor perdida en su vida, y tenía miedo de que quizá yo no fuera suficiente para llenar el vacío.
Quizá no había nada que pudiera decir, quizá todo lo que necesitaba era a mí de su lado, mostrándole mi amor y apoyo.
Peter apartó los mechones mojados de mi rostro. 
—Puedes aferrarte fuerte a mí. Yo nunca te dejaré caer, Ángel.
—Y yo tampoco te dejaré a ti. —Envolví mis brazos alrededor de su cuello y me presioné contra él. Le di un largo beso—. Montaremos esta tormenta juntos, Peter. Por siempre y para siempre.
Su cálido aliento sopló a través de mi mejilla. 

—Y tú siempre serás mi dulce ángel, mi gracia salvadora y el amor de mi vida.
falta el epigolo esto esta por terminar por eso le digo gracias a todas las que me leyenron y comentaron mañana subo el epigolo



      GRACIAS¡¡¡

Capitulo:34



—¿Es Peter? ¿Algo está mal?
Él respiró de manera irregular. 

—Está  mal,  Ángel.  Él  se  ha  cerrado  totalmente,  y  no  sé  qué  demonios hacer.
—¿Pero por qué? ¿Qué pasó? Justo anoche hable con él. —Mi mente dio vueltas frenéticamente mientras intentaba recordar cualquier cosa inusual sobre nuestra conversación. Él mencionó que la enfermera estaba preocupada porque la neumonía de Susan empeoraba, pero Peter no me había dicho mucho más.
—La neumonía ha dañado más partes de su sistema de lo que la enfermera y las personas del hospital pensaron. Ella ha estado prácticamente comatosa todo el día.
Mi estómago se apretó, y luché contra la urgencia de vomitar. 
—Oh Dios… pobre Peter… pobre Susan —murmuré, agarrando más fuerte mi teléfono mientras lágrimas quemaban mis ojos.
—Incluso aunque no lo dice o admite, él te necesita. ¿Puedes venir?
Mi mente voló a los siguientes días y shows. La respuesta  lógica era decir que no podía, pero no había ninguna maldita forma en que fuera a dejar solo a Peter cuando más me necesitaba. 
—Por supuesto que puedo. Conseguiré el próximo vuelo.
—Bien, te iré a recoger, ¿de acuerdo?
—Gracias. Te lo agradezco.
—Nos vemos pronto.
—Adiós.
Sorprendentemente,  mis  hermanos  y  padres  no  protestaron  sobre  mi partida. Ellos creían que mi lugar estaba con Peter y Susan. Fui capaz de conseguir un vuelo dos horas después, y fiel a su palabra, Poli estaba esperando para recogerme.
Después de que me contó todo lo que estaba pasando, pasamos la mayor parte del camino en silencio. Autos estaban estacionados por todos lados en la entrada de Peter. Desde que estaba lloviendo, Poli me acercó a la puerta y luego fue de regreso a estacionarse. Con una temblorosa mano, toqué el timbre. Medio esperaba una enfermera o que alguno de los familiares de Peter abriera. Nada me pudo haber preparado para que fuera Peter el que abriera la pesada e intrincada puerta. A la vista de mí, él parpadeó dos veces. El color se drenó de su rostro antes de demandar:
—¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Salté  hacia  atrás  ante  la  dureza  en  su  tono.  Me  tomó  un  momento encontrar mi voz. 
—Poli me llamó y me contó sobre Susan. Vine tan pronto como pude para estar contigo… y ella.
Él se quedó allí inmóvil mirándome. Mi corazón dolió ante su apariencia.
Áspera  barba  cubría  su  rostro  de  donde  no  se  había  afeitado,  y  su  usualmente perfecto, fino cabello estaba descuidado. Círculos oscuros se encontraban bajo sus ojos. Llevaba una raída  camiseta de Runaway Train y un par de pantalones con agujeros. Mientras todavía no  me había dicho que pasara, me lancé hacia adelante, envolviendo mis brazos apretadamente alrededor de él. 
—Oh, bebé, lo siento muchísimo. Estoy aquí para ti, y te amo.
Él no me abrazo de regreso. De hecho, sus brazos colgaban sin fuerza a los lados. Me aparté para besar tiernamente su mejilla. 
—Habla conmigo, Peter —imploré.
Su cuerpo se estremeció por un momento antes de sacudir la cabeza. Sin una  palabra, se  alejó de  mi  abrazo.  Tomando  mi mano,  tiró de  mí más  allá  del vestíbulo, hacia el pasillo. Pensé que quizá íbamos a la habitación de Susan, pero en su lugar, me empujó dentro de su habitación y cerró la puerta.
—Peter, que estás… —Él me silenció chocando sus labios con los míos. El beso  era  demandante  y  duro,  nada  como  lo  que  estaba  acostumbrada  a experimentar  con  él.  Tomando  mis  hombros,  me  dio  vuelta  y  me  empujó  de espalda contra la puerta con tal fuerza que chillé. Sus manos amasando mi cuerpo mientras intentaba apartarme de él.
—¡Detente! —chillé contra su boca.
Cuando se apartó, sus dedos fueron al botón de sus pantalones.  Cuando empezó a desabrocharlos, sacudí mi cabeza. 
—¿Qué estás haciendo?
—Voy a follarte. ¿Por eso es que viniste aquí, cierto?
Mi adolorida boca por su anterior asalto, cayó abierta en shock. 
—¡No! ¿Cómo podrías pensar algo tan horrible? Vine para estar contigo porque te amo y me necesitas.
Con sus abrazadores ojos azules, sus caderas me sujetaron contra la pared otra vez. Sus labios se curvaron en una enfadada sonrisa. 
—Todos siempre han querido un pedazo de mí, una forma para escalar a través de mí. ¿Eso es también lo que quieres, no? Eres la novia de Peter Lanzani, la que finalmente domesticó al notorio mujeriego.
Sacudí la cabeza salvajemente de un lado a otro por su acusación. 
—Soy  tu  novia  porque  te amo,  no  por  quién  eres  o  lo  que  piensen  los demás. —Alcé mis manos para ahuecar sus mejillas, forzándolo a que me mirara―. Te  conozco,  Peter.  Veo  cada  imperfección  que  tienes, y  todavía  te  amo. No hay nadie  más  en  este  mucho  para  mí  que  tú.  Y  cuando  estés  herido,  quiero  estar contigo. Cuando estés roto y destrozado como lo estás ahora mismo, voy a recoger las piezas. Eso es lo que es el amor, bebé. —Me incliné hacia adelante para susurrar contra  barba  en  su  barbilla—.  Confía  en  mí  cuando  digo  que  haré  lo  que  sea necesario para alejar el terrible dolor que estás  sintiendo ahora. Pero tienes que dejarme entrar un poco.
Él agarró mis muñecas en sus manos y las colocó por encima de mi cabeza. 
—¿Harías lo que sea por mí, huh?
—Sí —murmuré,  luchando  con  la  urgencia  de  gritar  por  el  dolor  de  su agarre.
—Eso es una jodida pena. Porque todo lo que has hecho es convertirte en mi puta.
Mi cabeza se echó hacia atrás como si me hubiera golpeado. Era como si un completo extraño hubiese tomado el cuerpo de Peter.
Nunca lo había visto actuar de esta forma, incluso en su infame borrachera en el autobús palidecía en comparación con esto. 
—¡Peter, por favor no hagas esto! No me apartes. —Lágrimas quemaban mis ojos―. Sé que estás herido, pero me amas y me necesitas.
Con una cruel cara de burla, sus manos dejaron las mías para deslizarse por mi cuerpo y descansar en mis caderas. 
—Lo siento, Ángel, pero ahí es donde estás equivocada. Tú solo eras otra pieza de culo para conquistar, aunque el tuyo fue más un desafío. Pero tengo que admitir cuan sorprendido estaba que algo  de romance y declaración de amor te hizo abrir las piernas más rápido de lo que pensé.
—¡Eso es una mentira! Sé que me amabas entonces, y sé que lo haces ahora. Solo  estás  retorciendo  todo  porque  estás  revuelto  por  dentro.  —Agarré  sus hombros—. Tienes que luchar con esto, Peter. No puedes rendirte a la oscuridad. Eso tampoco es lo que Susan querría.
Una tormentosa mezcla de emociones destellaron en los ojos de Peter. 
—Puedes  pensar  lo  que  quieras,  pero  sé  lo  que  estoy  diciendo  sobre acostarme  contigo.  Me  alegra  haber  podido  romperte  porque  estás  hecha  para follar. La forma en que gritabas mi nombre y te  venías tan fuerte en mi lengua cuando estaba debajo de ti… Mmm… nena eso fue caliente.
—Detente —protesté débilmente mientras lágrimas de frustración y dolor corrían por mis mejillas.
—No llores, Ángel. Fue un honor ser el primero. Y te prometo que siempre te recordaré como una de las mejores folladas que he tenido, el pequeño e inocente ángel que dejó entrar al grande y malo lobo feroz dentro de sus apretadas paredes.
Los exaltados hilos de emoción se rompieron, y antes de que me pudiera detener,  llevé  mi  palma  con  fuerza  contra  su  mejilla,  causando  un  ruidoso chasquido que resonó a través de la habitación. Cualquier dolor dentro de mí dio paso a un caliente cólera. 
—¡Tú inimaginable cabrón! ¡Jamás me hables así otra vez! Sé que tú madre está muriendo, pero eso no te da la excusa de escupir y pisotear todo lo que somos. Mejor que despiertes rápido y te des cuenta de lo que estés diciendo. ¡Necesitas entender en tu dura cabeza que yo no era solo una pieza de culo, que en realidad era todo lo que jamás habías soñado, pero lo jodiste porque me apartaste cuando más me necesitabas!
Con eso, me giré y salí de la habitación. Mientras caminaba rápidamente por la puerta de enfrente, Poli me llamó, pero lo ignoré. Sin siquiera pensar a donde iba o como llegaría allí, corrí a lo largo de la terraza y dentro de una cegadora lluvia.
Había llegado a la mitad del camino de grava antes de escuchar la voz de Peter cortando a través de la lluvia. 
—¡Lali! ¡Por favor espera!
Girando alrededor, señalé con mi dedo hacia él. 

—Déjame  en  paz, Peter.  Quizá  le  haya hecho  una  promesa  a Susan  para intentar y darte segundas oportunidades cuando lo jodieras, pero estás probando mi cordura ahora…
 Mi voz se apagó mientras Peter se hundía hasta sus rodillas en el barro. Su pecho  subía  y  bajaba  con  fuertes  sollozos  mientras  enterraba  su  rostro  en  el dobladillo de mi vestido. 
—Lo siento. Oh Cristo, Ángel, lo siento mucho, mucho.
Sin parpadear e inmóvil. Me le quedé mirando en shock. No sabía que decir o  hacer.  Me  había  lastimado  tan  profundamente  que  una  parte  de  mí  quería alejarlo. 
—Peter, yo…
—Lo siento. Lo siento. Lo siento —repitió él, apretando la parte trasera de mis  rodillas—.  No  quise  decir  nada  de  ello,  lo  juro  por  Dios  que  no.  Le  hice prometer a Poli que no te llamara o te dijera que vinieras porque no podía soportar la  idea  de tú  viéndome  así  —dijo  sacudiendo  la  cabeza  con  tristeza—.  Cuando apareciste, pensé que moriría, y no podía pensar en nada más que alejarte. Así que dije e hice esa mierda solo para lastimarte, así te irías.  Tenías razón cuando me llamaste un cabrón.


:(penultimo 

Capitulo: 33



Lali
Un Mes Después


Capitulo: 32

Peter


Descansando en una vieja colcha de retazos, recliné mi cabeza para tener una mejor vista del cielo ennegrecido, incrustado de brillantes estrellas. Con su espalda contra mi pecho, Lali anunció con

viernes, 4 de abril de 2014

Capitulo: 31

Lali



La  luz  del  sol  corría  por  mi  cara,  calentando  mi  mejilla.
Bostezando, comencé a estirarme cuando me di cuenta de que estaba  prisionera  entre  dos  musculosos  brazos  tatuados.

jueves, 27 de marzo de 2014

Capitulo: 30



Estaba  quitándose  sus  pantalones  cuando  rápidamente  me  volteé  para irme. No llegué muy lejos antes de que tomara mi brazo y me volteara hacia él.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Capitulo: 29

Lali


 el próximo mes,  pasé  mi recuperación en la  granja  de  Peter.
Aunque estaba destrozada físicamente, no sé cuándo había sido más feliz emocionalmente. Claro, no

martes, 25 de marzo de 2014

Capitulo: 28

   Peter





Cuando vi a Frank dirigiéndose de regreso hacia mí, finalmente pude  exhalar  el  aliento  que  había  estado  conteniendo.  La última vez que habíamos sido rodeados así perdí mi camiseta, un  zapato,  y  mi  paquete  había  sido  agarrado  múltiples  veces.  No  sabía  dónde demonios estaba el resto del equipo de

lunes, 24 de marzo de 2014

Capitulo: 27

Lali


La asa  del  dobladillo  de  mi  corto  vestido  blanco  se arremolinaba alrededor  de mis pantorrillas  mientras  luchaba por mantenerme al día con Euge.

domingo, 23 de marzo de 2014

Capitulo: 26

Peter


Era un bastardo, un completo y total idiota por dejar tirada a Lali. Me doy cuenta de eso al momento que cierro la puerta de  la  suite  detrás  de  mí.  Luego  el  sentimiento  persiste mientras entro a mi habitación y me quito la ropa. Con el trasero desnudo, caigo en la cama y entierro mi cara en la almohada.

jueves, 20 de marzo de 2014

Capitulo: 25

 lali


nicolas y Euge estaban muy conmovidos por la oferta de Peter y mía. Les tomó casi una hora para que consiguieran todo lo que  necesitaríamos  para  un  día  y  una  noche  juntos  con  los niños.  Luego, 

capitulo: 24

Peter


A pesar de lo mucho que quería dormir a la mañana siguiente, me vestí  y  bajé  a  las  ocho  en punto  al  auto  para  llevar a Lali  al estudio de grabación. Mientras ella saltaba en el asiento trasero, no me perdí el bostezo que se extendió por su rostro. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Capitulo: 23

Lali


Después  de  que  Poli  y  yo  terminamos  nuestro  baile,  gotas  de sudor chorreaban por mí cara y espalda. Tenía tanta sed que bebí una copa de champán al momento en que regresamos a la mesa y estaba comenzando otra.

Capitulo: 22

Peter


De  pie  frente  a  los  espejos  iluminados  del  hotel,  ajusté  mi corbata negra de seda. A pesar de que apenas la había llevado cinco minutos,  ya me estaba  ahogando hasta  la muerte. Poli gimió a mi lado.
—¿Recuérdame de nuevo por qué tenemos que usar traje?

domingo, 16 de marzo de 2014

Capitulo: 21



LALI
Cuando llegué al hotel, los tres chicos me estaban esperando en el vestíbulo. Puse los ojos, pero sonreí a pesar de mí misma.
—¡No  me  digan  que  tenían  miedo  que  me  pudiera  haber perdido y marchado con otro grupo de rockeros rebeldes?

Capitulo: 20

 


Peter
 Op

A pesar de que luché  con fuerza contra  ello, los próximos cuatro días  se  movieron  a  una  retorcida  velocidad  con  los  shows consecutivos. Hubiera dado cualquier cosa para detener el reloj, así mi tiempo

Capitulo: 19

Lali


A la mañana siguiente cruzamos Indiana, la siguiente parada en la gira  de Runaway  Train.  Cuando  nos  sentamos  alrededor  de  la mesa  desayunando,  la  electricidad  en  el  aire  era  palpable.  Era increíble ver

jueves, 27 de febrero de 2014

Capitulo:18



Jadeé cuando el cuerpo de Peter se presionó en mi espalda.

capitulo:17



Lali
Dando  vueltas  por  la  ebria  declaración  de  Peter  sobre  sus sentimientos, nunca anticipé ser empapada en vómito. Me quedé  de  pie,  congelada  por  el  horror  mientras  Peter  tenía arcadas otra vez. Alejé mis manos de sus hombros y contuve mis arcadas.
Peter  alzó  sus  brillantes  ojos  hacia  los  míos.  Dolor  unido  con  vergüenza nadó en ellos antes de que se pusieran en blanco, y él comenzara a desmayarse.
—¡Hijo de puta! —gruñó Poli mientras agarraba la débil forma de Peter.
—Él está inconsciente —reportó Vico.
—Ugh, voto por que lancemos su apestoso trasero en  la  habitación  y lo dejemos dormir —sugirió Poli.
—Suena bien para mí. —Vico ayudó a Poli a arrastrar a Peter de regreso a la habitación. Cuando terminaron, cerraron la puerta.
—Lo  siento  tanto,  Lali  —se  disculpó  Nico.  Empezó  a  dar  un  paso hacia mí, pero luego arrugo la nariz y retrocedió.
—Sí, lo capto. Apesto. —Mientras iba hacia la ducha, los chicos me pasaron dirigiéndose hacia la salida del autobús.
—Oigan, esperen un minuto. —Ellos se detuvieron y dieron la vuelta. Miré a la habitación y luego a ellos—. ¿Quieren decir que van a dejarme sola con Peter?
—No, puedes venir con nosotros. Tenemos un lugar extra en nuestra mesa VIP ya que Peter no va —ofreció Poli. Él me dio un ligero guiño antes de agregar—: Y te compraré toda la Coca Zero que puedas tomar si prometes bailar una o dos veces conmigo.
Reí.
—Eso es muy tentador, pero creo que mejor me quedo aquí. Ya saben, para poder  estudiar  un  poco  o  limpiar  este  chiquero.  —Miré  abajo  hacia  mi  ropa manchada  de  vómito—.  Además,  ustedes  van  a  necesitar  irse  ya,  y  no  tienen tiempo para esperar a que me aseé.
Nico sonrió.
—Esperaremos a que te cambies, Lali.
—¡Aw, eso es muy dulce. ¡Ven aquí y dame un abrazo!  —ofrecí con una sonrisa burlona.
Alzando sus manos arriba con una mueca de rendición, Nico respondió:
—Tendré que rechazar la oferta.
—Me lo supuse. No, ustedes necesitan irse para mantener su reservación.
—¿Estás segura? —preguntó Vico antes de meterse en el baño para revisar su apariencia una última vez.
—Sí, estoy segura. —Lancé otra mirada preocupada a la habitación—. ¿Y ustedes están seguros que Peter estará bien?
—¿Querrás  decir  si tú  estarás  bien  con  Peter?  —preguntó  Poli  con  una sonrisa.
—No, eso no es lo que quise decir.
Vico se rio mientras caminaba fuera del baño.
—Estará  bien,  Lali.  Él  estará  inconsciente  por  horas.  Y  apuesto  a  que cuando  despierte,  estará  con  mucha  resaca  para  intentar  algo.  Tú  virtud  está  a salvo.
Resoplé cuando me guiñó.
—¡Bien.  Vayan  y  diviértanse.  ¡Yo  estaré  aquí  cuidando  del  cretino borracho y cachondo!
Los chicos rugieron con risas mientras salían del autobús y se dirigían a la camioneta esperando.
—Hombres —murmuré mientras iba hasta mi maleta y agarraba una muda de ropa limpia. Cuando entré al baño, trabé rápidamente la puerta. No le quería dar a Peter la oportunidad de espiarme.
Bajo el agua caliente, mi mente flotó de regreso a lo que Peter había dicho antes de desmayarse. No pude evitar el rubor de vergüenza subiendo por mi cuerpo por lo que había mencionado sobre nosotros teniendo sexo. Al mismo tiempo, un dolor quemó su camino a través de mí al pensar en lo que había sugerido, y por primera vez, sentí verdadero deseo y anhelo por un chico. No era como nada que hubiera experimentado con alguien que me hubiera gustara, o con quien hubiera saliera. Incluso aunque no estaba enamorada de Peter, lo deseaba. Mucho.
—¡¿QUÉ?!  ¡Has  perdido  la  cabeza!  —grité  a  las  paredes  de  la  ducha mientras frotaba los dedos en mi cabello. Luego sacudí mi cabeza frenéticamente adelante y atrás. ¿Qué me estaba pasando? No, no, no. No podía pensar en Peter de esa  forma.  Él  era  un  promiscuo  que  solo  usaba  a  las  mujeres.  Él  jamás,  podría amarme o darme lo que quería en la vida… ¿O sí?
Pero luego mi mente giró a mi anterior conversación con Frank y a lo que Peter había admitido después de todas las cosas atrevidas. Él quería que una chica como  yo  realmente  lo  quisiera  por  él.  No  era  la  primera  vez  que  hacía  esa declaración. La hizo antes, cuando lo estaba consolando. En el fondo, ¿podía Peter querer una relación y algo más con una chica… conmigo?
—¡Ugh! —gruñí mientras terminaba de lavar mi cabello. Había declarado que  quería  ganar  algún  tipo  de  experiencia  de  toda  la  situación,  y desafortunadamente, estaba consiguiendo  más de lo que había negociado. Había estado  en  el  autobús  casi  treinta  y  seis  horas,  y  mi  vida  ya  había  sido  puesta completamente de cabeza.
Mientras cerraba el agua y salía de la ducha, temblé ante el pensamiento de lo que el resto de la semana podía traer. Tratando de apagar los salvajes y locos pensamientos rondando por mi cabeza,  trabajé en secar mi cabello. Me rocié de loción hasta asegurarme que no hubiera ningún olor restante de vómito.
Ya que todavía no había ido de compras y mis pantalones de yoga y única camiseta estaban manchados de vómito, me deslicé en una camiseta de tirantes y un par de pantalones cortos. Después de destrabar la puerta, presioné mi oreja al marco, intentando escuchar a Peter roncando. Puse los ojos en blanco cuando me di cuenta cuan estúpida debía lucir. No sabía porque estaba tan paranoica. No es como  si  Peter  fuera  a  intentar  algo.  Creo  que  tenía  más  miedo  de  no  querer detenerlo, en lugar de no ser capaz de hacerlo.
Con un profundo respiro, salí del baño. Peter no estaba en ningún lugar a la vista, y solo  podía imaginar que estaba  muerto para el  mundo en la habitación.
Llevando las manos a mis caderas consideré qué hacer con mi noche. Estudiar y no atrasarme  mientras  estaba  de  gira  se  encontraba  en  la  cima  de  mi  lista  de prioridades, así que busqué mis libros en el bolso. Pero antes de sentarme, estudié el interior del autobús y arrugué la nariz. Estos chicos eran igual de malos que mis hermanos siendo haraganes. Tiré de mi cabello en un cola de caballo, supuse que no  había  forma  de  que  pudiera  concentrarme  en  estudiar  rodeada  por  toda  la suciedad.
Inclinándome,  agarré  un par de guantes de goma, limpiador,  y  esponjas debajo del lavabo. Mientras empezaba a limpiar las encimeras, me di cuenta que todo estaba muy quieto. Fui hacia el estéreo y empecé a revisar la colección de CDs de Poli. Cuando encontré los grandes éxitos de Michael Jackson, me detuve.
—Oh, sí, un poco de la vieja escuela de MJ estará bien.
La  melodía  de  apertura  sintetizada  de  los  80’s  de Beat  It  sonaba  por  los altavoces. Asintiendo con mi cabeza, empecé a cantar junto con la canción, usandomi esponja como un micrófono improvisado. Mientras limpiaba la mesa y sillas, empecé a mover y sacudir mi trasero alrededor del autobús. No había nada como limpiar con buena música, y se podía decir que estaba un poco  obsesionada con Michael Jackson.
Estaba tocando la guitarra en el aire con el solo de Van Halen cuando una mano sobre mi hombro  causó que  gritara.  Me giré,  dejando  caer  la esponja y el limpiador. Cayeron ruidosamente sobre el suelo.
Peter me dio una sonrisa burlona.
—Lindos movimientos, Ángel, ¿pero podrías bajarle el volumen a eso?
Sentí mis mejillas arder.
—Oh,  sí,  lo  siento  —murmuré,  apresurándome  a  apagar  el  estéreo.
Mientras trataba de calmar mi errática respiración, el silencio hizo eco a través del autobús mientras Peter y yo nos quedábamos mirándonos el uno al otro.
—¿Uhm, cómo te sientes?
Él hizo una mueca mientras rascaba su cabeza.
—¿Tú que crees? Desperté en el infierno con Michael Jackson golpeando en mis oídos.  —Cuando me reí, él agregó—: Sin mencionar, que  vine aquí para gritarle a los chicos solo para verte en ese atuendo —Él hizo señas a mi camiseta de tirantes y pantalones cortos—, sacudiendo tu trasero. —Alzo una de sus cejas—. Eso está totalmente fuera los parámetros de nuestra apuesta, Ángel.
Colocando una mano sobre mis caderas, le espeté:
—Lo siento, pero tengo que escuchar música mientras estoy limpiando, y en  cuanto  a  la  ropa,  bueno,  tú  vomitaste  sobre  mi  último  atuendo  poco provocativo.
—Oh, Cristo —murmuró. Fue como si el recuerdo de todo de lo que había ocurrido lo hubiera golpeado, y él tembló, cayendo de espalda contra la encimera.
Sus cansados ojos encontraron los míos. Pasó sus manos sobre su rostro y arrugó las cejas ante la sensación de la crujiente mancha de vómito—. Estaba tan jodido antes.
—Está bien. Siéntate.  —Mi instinto  comprensivo  corrió a toda máquina mientras lo empujaba sobre una de las sillas. Después de que saqué un paño limpio de los cajones, lo puse bajo el agua caliente tratando de no dejar mi mente vagar de cuál parte de nuestra anterior conversación él estaba más arrepentido: si el querer acostarse conmigo o querer que él me gustara.
En cambio, mojé el trapo y luego se lo extendí a Peter.
—Uhm,  ¿te  importaría  hacerlo  por  mí  ya  que  no  tengo  un  espejo?  —Cuando  le  di una  mirada escéptica,  él  se  rio—:  Esto  no  es  para  aprovecharme, Ángel. —Extendió su mano para mostrarme el ligero temblor—. No estoy seguro de confiar en mí para caminar hacia el baño.
—Bueno —murmuré. Con largos toques, empecé a limpiar su rostro.
Él cerró sus ojos y suspiró.
—Diablos, eso  se  siente  bien.  —Ladeé  su  cabeza  hacia  atrás  y limpié  su barbilla. Entrecerrando un ojo hacia mí, preguntó:  —¿Por qué siempre me estás cuidando?
—Siempre eres un desastre —argumenté.
—Lo sé —murmuró él. La tristeza pasó a través de su rostro—. Creo que eres una masoquista.
—¿Eh?
—Ya sabes, alguien a quien le gusta el dolor.
—¿Y por qué dices eso?
—Porque incluso aunque actúe como un cretino, eres amable conmigo y quieres ayudarme.
—No siempre eres… —Arrugué mi nariz antes de replicar—: Un cretino.
Peter me dio una sonrisa a medias
—La mayor parte del tiempo lo soy. Especialmente contigo. Y lo siento por ello. De verdad lo hago.
Me  quedé  inmóvil  a  medio  camino  de  su  barbilla  por  su  disculpa, definitivamente no era lo que esperada que  dijera, y cuando busqué  sus ojos, vi sinceridad en ellos.
—Gracias. Lo aprecio.
El silencio hizo eco alrededor de nosotros hasta que Peter aclaró su garganta.
—Después de todo, ¿de verdad no piensas que soy un idiota?
Me reí.
—Bueno,  no  todo  el  tiempo.  Fuiste  uno  gigante  esta  tarde.  —Ante  su mueca, agregué—: Pero también me diste pequeños indicios del hombre que eres en el fondo. También tienes tus buenas cualidades. —Lo dejé para ir a enjuagar el paño otra vez—.  Y no sé sobre eso de ser una masoquista. Pero sí sé sobre tratar de ser la buena persona que mis padres criaron.
La diversión reemplazó la angustia en sus ojos.
—Ah, sí, la chica buena con un corazón de oro, pero también con la boca de un marinero.
No pude evitar reír ante la descripción.
—Sip, eso es bastante cierto. Pero oye, no bebo ni ando acostándome con cualquiera. Debería ser capaz de tener un vicio, así que supongo que una boca sucia será. —Tracé el paño por su pecho, limpiando el vómito de los intrincados tatuajes pintando su piel—. Tantos tatuajes —murmuré.
—¿No te gustan?
—No,  me  gustan.  Mis  hermanos  tienen  algunos.  De  hecho,  estaba pensando en conseguir uno.
Peter se rio a carcajadas.
—No puedes estar hablando en serio.
—Bueno, lo estoy —resoplé, golpeando su brazo con el paño.
—Oh, Ángel, me encantaría ver eso.
—Bueno. Quizás me puedas llevar a conseguirlo
Un malicioso brillo parpadeó en sus ojos azules.
—¿Estás a punto de hacer otra apuesta conmigo?
—Quizás.
Él sacudió la cabeza lentamente.
—No lo creo, nena. Si regresas a tus hermanos con tatuajes, ellos patearán mi trasero.
Puse mis ojos en blanco.
—Deja a mis hermanos fuera de esto.
Peter alzó sus manos en señal de rendición.
—Bien, de acuerdo. Te llevaré a que te hagan un tatuaje.
Mis ojos se ampliaron.
—¿En serio? —chillé.
Él hizo una mueca y cubrió sus orejas.
—Jesús,  tranquila  con  los  gritos.  —Cuando  miré  hacia  él,  sonrió—.  Sí, realmente lo haré. Mi amigo Adam, es el único al que le confiaría tu delicada piel. Pero mejor no te acobardes conmigo.
Sabía que esperaba una reacción de mí por haber usado una palabra que odiaba. Pero mantuve mi comportamiento en calma.
—Estupendo.  —Luego  regresé  mi atención  a  limpiarlo. Cuando  rocé  la pretina de sus pantalones, él agarró mi mano.
—Puedo  encargarme  desde  aquí.  —Él  me  guiñó  un  ojo—.  Te  estás acercando mucho para mi comodidad, Ángel.
—Oh, uhm, lo siento —respondí. Tratando de esconder mi vergüenza, me giré para  ir de  regreso  a  la  cocina.  Mientras  intentaba  ocuparme  arreglando  los platos limpios, Peter se levantó de la silla.
—Probablemente debería ir a tomar una ducha rápida.
—De acuerdo
Mientras me entregaba el trapo, una mirada avergonzada vino a su rostro.
—¿Cuando salga, crees que puedes hacerme ese chili que le hiciste a los chicos?  
—¿Estás seguro de que tu estómago puede manejarlo?
—Oh,  sí,  una  vez  que  lo  vomito  todo,  normalmente  estoy  listo  y hambriento unas horas más tarde.
—Puaj—murmuré.
Él sonrió.
—Lo siento, pero esa es la verdad.
—Bien. Ve a bañarte y te prepararé algo de cenar.
—Gracias, Ángel —contestó antes de tirarme hacia él en un casto abrazo.
Cuando  besó  la  corona  de  mi  cabeza,  traté  de  no  estremecerme  con  la hormigueante sensación que envió corriendo por todas las partes de mi cuerpo. Mi boca colgó abierta de la sorpresa mientras él caminaba en silencio al baño y cerró la puerta.
—Las maravillas nunca cesan  —murmuré y luego me ocupé en calentar algo de cenar para Peter.
Ante el sonido de la puerta del baño abriéndose, me di vuelta. Peter estaba parado con solo una diminuta toalla envuelta alrededor de su cintura mientras el agua goteaba de su cuerpo. Echó un vistazo a su falta de atuendo.
—Lo lamento. Mi cerebro alcohólico olvidó traer mi ropa conmigo.
—Uhm, no, está bien. Solo estoy calentando el chili  para  ti. Estará listo para cuando te vistas.
—Genial.
A pesar que no debería hacerlo, me quedé mirándolo mientras caminaba por  el  pasillo  hacia  la  habitación.  El  aleteo  de  mi  corazón  y  la  agitación  de  mi estómago me hicieron comprender que estaba en serios problemas.
Volví mi atención de vuelta a poner la mesa para Peter. El apareció unos pocos minutos más tarde con una camiseta que era completamente muy pequeña para él, porque destacaba cada musculo ondulante que tenía, y un par de bóxers andrajosos.  
Congelada, me  quedé  mirándolo como  si  fuera una  visión  o algo así.  Su cabello aún estaba húmedo y unas gotitas brillaban en su rostro. Cuando me atrapó mirándolo, el calor quemó en mis mejillas.
—¿Estabas comiéndome con los ojos, Ángel?
—No, no lo estaba.
Él se rio por lo bajo.
—Creo que lo estabas.
Me giré alrededor y puse mis manos en mis caderas.
—Bien, estaba comiéndote con los ojos. ¿Estás feliz ahora?
—En realidad, lo estoy. Me gusta cuando me miras como si me desearas. Como si pensaras que soy… guapo.
Mis cejas se levantaron en sorpresa.
—¿Guapo? Eso no suena como la manera en que te describirías a ti mismo.
Con una sonrisa amplia, él preguntó:
—¿Y cómo me describiría a mí mismo?
—Mmm,  ¿sexy,  ardiente  como  el  infierno  y  fundidor  de  bragas?  —lo desafié mientras le entregaba una Coca.
—Sí, tienes razón. Esos realmente me describen mejor.
Puse un vaso con agua en la mesa.
—Asegúrate  de  beberte  todo  esto  y  la  Coca.  Probablemente  estés deshidratado.
—Sí, Dra. Esposito —contestó, la diversión centellando en sus ojos.
—La enfermera en mí te diría que no comas nada, mucho menos chili.
—Confía en mí, conozco mi cuerpo, Ángel.
—Lo que sea.
Después de tomar una gran cucharada de chili, cerró sus ojos y gimió en apreciación.
—Maldición, esto está realmente bueno.  
—Gracias.
—¿Así que también puedes cocinar?
—Un poco. Mi abuela es una texana acérrima, y esta es su receta secreta.
—Es jodidamente increíble.
Sonreí abiertamente.
—Me aseguraré de decirle exactamente eso.
Él resopló.
—Sí, claro. A pesar de que tienes una boca sucia, no puedo verte soltando la bomba-J frente a tu abuela.
—Cierto, muy cierto.
Nos sentamos en silencio durante  unos minutos  mientras él devoraba el chili  como  si  no  hubiera  comido  en  días.  Quizás  no  podía  ver  cómo  iba  a mantenerlo todo o cuán enfermo estaría mañana, pero mantuve la boca cerrada.
Finalmente, Peter me echó un vistazo.
—Lali, necesitamos hablar de lo de antes.
—¿Necesitamos?  —pregunté,  jugando  con  un  deshilachada  cuerda  de  la manteleta.
Él meció su cabeza.
—Sé que estaba totalmente jodido esta tarde y no recuerdo todo lo que te dije  —Él hizo una mueca como si estuviera adolorido—. Tengo una muy buena idea de que fui un irrespetuoso cretino contigo acerca de Paula. No debería haberla traído nunca al autobús contigo aquí. Lo siento.
Creo  que  mi  boca  cayó  muy  abierta  golpeándose  contra  la  mesa  por  él dándome una vez más una sincera disculpa. Justo cuando pensé que no podía tener ninguna sorpresa más, él continuó:
—Tú  no  has  sido  nada  más  que  bondadosa  y  compasiva  conmigo  aun cuando no lo merecía. Y créeme cuando digo que real y verdaderamente, lo siento.
—Gracias, lo aprecio.
—¿Entonces estamos bien? ¿Ningún resentimiento ni nada?
Me reí.
—¿Crees en un perdón instantáneo y sin rencores, eh?
—No exactamente, pero espero que no mantengas lo que pasó contra mí por mucho tiempo.
—Voy  a  intentarlo,  ¿de  acuerdo?  Quiero  decir,  no  puedes  actuar  de  la forma en que lo hiciste conmigo y exigirme que caiga en tus brazos abiertos.
Sus cejas se fruncieron.
—¿No puedo?
—Uhm, no, eso no funciona conmigo. Quizás con tu harem de admiradoras lo haga, pero yo soy diferente.
—Puedes decir eso otra vez —murmuró él. Mientras su cuchara raspaba el fondo de su tazón, me levanté para conseguirle más—. No, estoy bien.
—¿Estás seguro?
Él sonrió.
—No quiero excederme.
—Pensaría  que  aun  dos  cucharadas  era  excederse,  pero  no  conozco  tu cuerpo, ¿cierto?
Cuando  sus  ojos  se  abrieron  ligeramente  con  sorpresa,  supe  que  había hecho un error al mencionar inocentemente su cuerpo.
—Escucha,  necesito  preguntarte  algo  más  acerca  de  antes.  —Mi respiración se cortó ante la idea de volver a recordar, incluso remotamente, lo que sucedió más temprano—. ¿Te dije algo embarazoso antes de que vomitara y me desmayara?
—Peter…
Sus  ojos  azules  ardieron  con  emoción  cuando  finalmente  encontró  mi mirada.
—Recuerdo algo de ello. Sé que dije que quería follarte, pero, ¿no dije nada más? ¿Algo más… amable, espero?
—Sí —susurré.
—¿Qué fue? —incitó.
De alguna manera recordé literalmente todo lo que me había dicho, así que lo repetí. Los ojos de Peter se ensancharon y aspiró una respiración aguda.
—Pero no te preocupes por la parte de desear que alguien como yo ame a alguien como tú. Quiero decir, sé que estabas borracho —agregué rápidamente.
Salí de mi asiento como un muñeco de una caja de sorpresas y agarré su tazón. Después de apresurarme a la cocina, lo puse en el fregadero y abrí el grifo.
Jadeé cuando el cuerpo de Peter se presionó en mi espalda.
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