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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Epigolo

 Epílogo

 

 

             
            UN AÑO y medio después, Peter estaba en la iglesia de Pine Ward, con Vico a su lado. Trisha, su sobrina, había recorrido el pasillo lanzando pétalos de rosa y Cande intentaba que Alay y Tomas no correteasen por el pasillo.

Capitulo: 17

          



  TRES meses más tarde, sentada en la clase de contabilidad de la señora Mulcahy, Lali miraba el programa de Office Excel en la pantalla del ordenador. Supuestamente, debía crear un documento que la ayudase a hacer un presupuesto de construcción, pero aunque su fórmula era correcta, dejaba mucho que desear.

martes, 17 de diciembre de 2013

Capitulo: 16

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            PETER pensó que se le había parado el corazón. ¿Lali lo amaba?
            Le gustaría tomarla entre sus brazos y besarla hasta dejarla sin aliento, pero...
            Por fin había encontrado a la mujer de sus sueños, la que lo hacía feliz, la que lo hacía creer que aunque las cosas fueran difíciles también podían ser divertidas y emocionantes. Y, sin embargo, no podía decírselo. No podía decirle que estaba loco por ella.
            –Estoy comprometida con Gaston y me he enamorado de otro hombre.
            Peter sabía que no había futuro para ellos. Eran dos personas que se habían conocido en el peor de los momentos.
            –No te hagas eso a ti misma, Lali. Quédate.
            Ella apretó los labios.
            –No puedo...
            –Cena y luego vete a la cama. Hablaremos mañana.
            –Muy bien.
            Unas horas después, Lali estaba dormida. Peter entró en su habitación y se inclinó para darle un beso en la frente. No sabía qué iba a pasar durante los próximos días, pero haría lo que tuviese que hacer.
            ***

             
             
            A la mañana siguiente, Lali se levantó para atender a los niños. Se había compadecido de sí misma más que suficiente el día anterior y no pensaba repetirlo.
            Y tampoco haría que Peter lo pasara mal. No tenía derecho a hacerle sufrir.
            –¿Te encuentras mejor? –le preguntó él.
            –Sí –mintió Lali. No por ella, sino por Peter. No quería involucrarlo en sus problemas. Lo había hecho sentir culpable y eso no podía ser. Era ella la que se había enamorado tontamente, no era culpa de Peter, de modo que a partir de aquel momento tendría que mantener las distancias.
            –¿Necesitas algo?
            –No, estoy bien.
            Rezaba para que no mencionase lo que había dicho el día anterior, para que lo hubiese olvidado por completo...
            Su móvil sonó en ese momento.
            –¿Sí? –respondió.
            –Soy Nate, cariño. Gaston lo ha pasado mal esta noche... y creo que deberías venir a casa.
            Con el corazón acelerado, Lali soltó el móvil y se dejó caer sobre una silla.
            –Tengo que irme.
            –¿Irte?
            –A casa de los padres de Gaston. Era Nate...
            –Muy bien, dame diez minutos para llamar a Emma y pedirle que se quede con los niños.
            –No, tengo que ir sola.
            –Pero necesitas...
            –Ir sola –lo interrumpió ella.
             
             
            Dos horas después, Gimena llamó a Peter para decirle que Gaston había fallecido.
            –Los médicos con los que he hablado antes de llamarte me han dicho algo muy interesante.
            –¿Qué te han dicho?
            Su madre tenía amigos en la dirección del hospital de Pine Ward, pero no creía que ninguna opinión médica fuese a animarlo.
            –Me han dicho que Lali y tú fuisteis con los niños ayer.
            Peter se pasó una mano por el cuello.
            –Sí, es verdad. Ir con los niños tranquilizó un poco a Lali.
            –Lo sé, me lo contó una de las enfermeras. Pero Gaston no murió esta mañana.
            –No te entiendo.
            –Murió ayer, unos minutos después de la visita de Lali.
            –¿Le quitaron la respiración artificial sin consultar con ella?
            –No, Gaston murió antes de que tuviesen que hacerlo.
            –¿Después de que nos fuéramos?
            –Los médicos saben poco sobre el coma. No saben lo que una persona oye o entiende, pero uno de ellos me ha dicho que tal vez la visita fue una bendición. A veces, los pacientes en coma no mueren porque les preocupa quién cuidará de sus seres queridos cuando ellos no estén. Que Lali fuese a verlo con los niños fue casi como decirle a Gaston que había encontrado a otra persona que cuidase de ella, que tenía otra vida. Yo creo que le disteis la paz que necesitaba, hijo.
             
             
            Lali volvió dos horas después, tan pálida y acongojada que Peter se preguntó cómo podía caminar.
            –Los padres de Gaston llamaron a mi madre –le dijo, mientras la ayudaba a sentarse en el sofá.
            –Entonces lo sabes.
            –Sí.
            –¿Cómo están los niños?
            –Están bien, con mi madre.
            Lali asintió con la cabeza, dos gruesas lágrimas rodando por su rostro. Incapaz de soportarlo, Peter la tomó por los hombros para que lo mirase a los ojos.
            –Lo siento muchísimo.
            –Era tan joven, tan inteligente.
            Sabiendo que estaba recordando al joven del que se había enamorado, Peter tragó saliva.
            –Seguro que sí.
            –Y divertido. Nadie me hacía reír tanto como él –Lali se levantó para pasear por el salón–. Era muy fuerte. Ya te dije que él se llevó la peor parte para salvarme a mí.
            –Uno de los médicos le contó a mi madre que Gaston murió sin que tuvieran que quitarle la respiración asistida.
            –Lo sé.
            –También le dijo que murió unos minutos después de tu visita.
            –Sí, es verdad.
            Peter tragó saliva.
            –Según ese médico, a veces los pacientes en coma se agarran a la vida porque les preocupan sus seres queridos y que fueras con los niños fue casi como decirle que tenías a alguien que cuidaría de ti.
            Lali hizo una mueca.
            –No sé lo que quieres decir.
            –Que Gaston ya podía irse. Se quedó hasta que supo que tú ibas a estar bien.
            –Él haría eso, sí.
            –Porque te quería y quería que fueras feliz cuando él ya no estuviera aquí. Solo quería que fueras feliz, Lali.
            –Eres tú quien quiere que sea feliz, Peter.
            –Sí, claro, pero eso no significa que...
            –Sé que todo el mundo cree que debería sentirme agradecida porque Gaston ha dejado de sufrir... –lo interrumpió ella, con la voz rota–. Pero no lo estoy. Estoy tan triste que siento como si mi corazón estuviera rompiéndose en pedazos.
            Peter dio un paso adelante.
            –Lali...
            Ella levantó una mano.
            –No, por favor. Todo esto –le dijo, señalando alrededor –es muy desconcertante ahora mismo. Debería estar llorando la muerte de Gaston. Durante diez años fue el amor de mi vida y cuando más me necesitaba, no estuve a su lado.
            –Tenías que ganarte la vida.
            –No quiero pensar más. Lo único que necesito es llorar.
            –Y yo te daré todo el espacio y el tiempo que necesites –le aseguró él.
            –¿Es que no lo entiendes? No puedo quedarme aquí porque me recuerda que mientras él estaba yéndose yo estaba contigo.
            –No digas eso.
            –Es verdad. Los dos sabemos que es verdad.
            –No hemos hecho nada malo.
            Lali hizo una mueca.
            –Sí lo hemos hecho. Hemos roto la conexión con él.
            –No es verdad. Los dos hemos tenido cuidado, hemos sido respetuosos.
            Ella negó con la cabeza, pasándose una mano por la cara.
            –No quiero seguir hablando de esto.
            –Lo que sentimos no es algo sucio –siguió Peter–. Porque yo también te quiero, Lali. Con toda mi alma.
            Ella lo miró a los ojos un momento y luego, de repente, se dio la vuelta para ir a su habitación.
            Peter la siguió, pero Lali estaba sacando la maleta del armario.
            ¿Se marchaba?
            Se le ocurrían un millón de argumentos, un millón de razones para que se quedase, pero si no respondía a una declaración de amor, ¿qué más podía decirle? ¿Cómo podía convencerla?
            Se dijo a sí mismo que solo necesitaba un poco de tiempo para hacerse a la idea, que volvería. Tal vez después del funeral de Gaston.
            O tal vez en unas semanas, un mes.
            Pero cuando la puerta se cerró tras ella, Peter ya no estaba tan seguro.
             
             
            Peter atravesó la verja del cementerio, detrás de una larga fila de coches funerarios, y aparcó el coche bajo unos árboles intentando pasar desapercibido.
            Vio a Lali inmediatamente, del brazo de los padres de Gaston, llorando desconsoladamente, y se le encogió el corazón.
            Él no sabía lo que era amar tanto a alguien, tan completamente. Y tampoco sabía lo que era ser amado así.
            «¿Cómo voy a quedarme con el hombre del que me he enamorado mientras mi prometido se muere en el hospital?».
            Peter se preguntó si Lali sabría lo que había dicho.
            Que lo amaba.
            Suspirando, escuchó las palabras del sacerdote durante el funeral, lo vio acercarse después a los padres de Gaston para consolarlos y cómo abrazaba a Lali.
            Había pasado cinco años como una prisionera y no podía creer que nadie le hubiera prestado atención hasta ese momento. No solo porque fuese guapa sino porque emanaba bondad.
            Y lo amaba.
            Pero estaba rota de dolor.
            Y como él había estado allí, insinuándose en su vida durante los últimos meses, diciéndole que debía seguir adelante, tal vez ella lo uniría siempre con la muerte de su prometido.
            El paisaje invernal a su alrededor lo hizo pensar que esa era la razón por la que lo había dejado, porque le recordaba el peor momento de su vida, un tiempo que no quería recordar. Por eso quería olvidarlo.
            Cuando el funeral terminó, Peter subió al coche y volvió a casa sin decirle nada.
            Vico y Cande lo esperaban allí, cada uno con un niño en brazos.
            –¿Y bien? –preguntó su hermano.
            Peter se quitó el abrigo.
            –Está destrozada.
            Cande tenía que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas.
            –Me lo imagino, debe ser horrible.
            –Sí, lo es. No creo que ninguno de nosotros entienda por lo que ha pasado en los últimos años.
            –¿Crees que volverá?
            –¿Por qué iba a volver? He intentado alejarla de Gaston, hacerla reír, darle la oportunidad de rehacer su vida animándola a volver a la universidad. Animándola a que olvidase el accidente. Si no me odia por eso...y estoy seguro de que así es, los niños y yo le recordamos a Gaston –Peter se dejó caer en el sofá y apoyó la cabeza en el respaldo–. Le recordamos los peores momentos de su vida.
            –Pero también ha habido cosas buenas –dijo Cande.
            –¿Por qué no vamos a casa de mamá? –sugirió Vico–. Podemos cenar todos juntos.
            Cande miró a Peter y luego a su marido.
            –Me parece buena idea. Es buen momento para una cena familiar. Voy a buscar a los niños.
            Cuando Cande se marchó, Peter miró a su hermano.
            –No voy a abrirte mi corazón.
            –Yo no te he pedido que lo hicieras, pero quiero decirte una cosa: puede que tú le recuerdes uno de los peores momentos de su vida, pero había algo entre vosotros.
            –Sí, lo sé.
            –No puedes dejarla ir.
            –Y tampoco puedo hacerla sufrir. Ya ha sufrido más que suficiente.
            –Pero está sufriendo ahora y te necesita –insistió Vico–. Yo dejé ir a Cande cuando más me necesitaba y perdimos ocho años de nuestras vidas. Pasó por un embarazo sola, crió a Trisha sola durante ocho años... No querrás abandonar a la mujer de la que estás enamorado cuando más te necesita, ¿verdad?
            Peter negó con la cabeza.
            –No es lo mismo.
            –¿Por qué?
            –Cande te necesitaba, pero era tu mujer. En cierto modo, Lali sigue siendo la novia de Gaston y tal vez siga siéndolo para siempre. Puede que me necesite, pero yo la he presionado cuando no necesitaba ser presionada... creo que es por eso por lo que se ha marchado. No iré tras ella, Vico, Lali tiene que volver por su cuenta.
             
             
            ***

            Lali se encerró en casa de sus padres durante los dos días siguientes. No comió, no durmió. El tercer día, su madre entró en la habitación con la bandeja del desayuno y abrió las cortinas.
            –Es hora de levantarse, cariño.
            –Estoy despierta –murmuró Lali.
            –Lo sé. Has estado despierta toda la noche, pero eso tiene que terminar.
            –No, aún no.
            Samantha, su madre, se acercó a la cama.
            –Si vas a empezar la universidad en primavera tendrás que matricularte.
            Lali se tapó la cabeza con la sábana.
            –No estoy preparada para eso.
            –Tienes que estarlo. Si no te matriculas, lo lamentarás.
            –No sé...
            –Y también deberías llamar a tu jefe.
            –¿A Peter?
            –Necesitas dinero para pagar la matrícula, de modo que tienes que trabajar, cariño.
            Ella tragó saliva.
            –En realidad, he ahorrado lo suficiente como para pagar dos semestres.
            –¿Entonces no piensas volver a trabajar?
            A Lali se le encogió el corazón. No podía estar con los mellizos...
            Pero no quería ser feliz. No era justo que fuese feliz. No era justo echarse en los brazos de Peter cuando Gaston acababa de morir.
            Recordar cómo se habían besado, cómo deseaba estar con él de nuevo hacía que se avergonzase. Había tenido cinco cortos meses desde el día que conoció a Peter hasta el día que Gaston murió. ¿No había podido ser paciente en cinco meses?
            –Toma el desayuno, cariño –insistió su madre–. Luego date una ducha. Iremos juntas a matricularte.
            Lali miró el plato de huevos revueltos y se le encogió el estómago al recordar el día de san Valentín, a Peter llevándole el desayuno a la cama diciendo que lo habían hecho los niños...
            Y luego la llegada de Nate y Emily para decirle que Gaston había sufrido una parada cardiorrespiratoria...
            –No me apetece comer nada.
            –Por favor, hazlo por mí –le rogó su madre.
            Ella le había dicho lo mismo a Tomas el día que estuvo malito y, de repente, sus ojos se llenaron de lágrimas. Nunca volvería a ver a Gaston, nunca volvería a ver a los niños y no quería volver a ver a Peter porque todo estaba relacionado y cada vez que pensaba en él sabía que había traicionado a Gaston.
            Y cada vez que pensaba eso no podía respirar.
            –Comeré si me haces un favor.
            –Lo que quieras.
            –Llama a Gimena y dile que Peter debe contratar a otra niñera.
            –Cariño... deberías decírselo tú misma.
            –¡Acabo de perder a Gaston, estoy exhausta y tengo que pensar qué voy a hacer con el resto de mi vida! ¿Podrías hacerlo por mí, mamá?
            Samnantha asintió con la cabeza, sorprendida por su tono.
            –Muy bien, de acuerdo.
            –Lo siento –Lali se pasó una mano por el pelo–. Perdona que te haya hablado así.
            Lo sentía de verdad, sentía haber arruinado tantas cosas.
             
             
            Peter supo que Lali no iba a volver cuando Gimena fue a la casa con una carpeta llena de currículos para ayudarlo a encontrar otra niñera.
            Su madre se había puesto manos a la obra y él sabía que lo hacía por su bien, pero estaba enfadado, desconcertado. ¿Por qué no le había llamado Lali personalmente? ¿Por qué, de repente, estaba fuera de su vida?
            –Deja los currículos ahí, ya los miraré esta noche –murmuró.
            –¿Y me llamarás por la mañana para decirme cuál te gusta más?
            –Sí.
            –Muy bien, hijo.
            Solo en el salón, sintiendo un dolor tan intenso que no podría describirlo, Peter pensó en lo que Vico le había dicho: que había abandonado a Cande cuando más lo necesitaba.
            Cansado y desconcertado, sacó el móvil para llamar a Lali, pero se acobardó en el último momento.
            Lo había hecho cuatro veces por la noche, pero al final no era capaz de llamarla.
            Lali había dicho que lo amaba, pero que no podía amarlo. Se había enamorado de él sin quererlo y eso le dolía.
            Y cuando él le dijo que sentía lo mismo, lo había ignorado, como si no hubiese dicho nada.
            No podía ir a buscarla porque si lo hacía y ella lo rechazaba de nuevo sería desolador. Peter sabía que debía esperar hasta que estuviese preparada.

            Lali tenía que ir a él.
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Falta solo 1 y el prologo para que termine :/ es la frustraciones de toda las novelas: que terminen
Cielo eres psica ajajaajaaj
Hola mayra  bienvenida

Perdon por no subir ayer pero se corto la luz y perdon por subir tan tarde pero de nuevo se corto la luz (a la misma hora¬¬) y aparte me tenia que bañar pero bue aqui estoy :)


lunes, 16 de diciembre de 2013

Capitulo: 15

Quedan solo dos capitulos...
Se mueren con el capitulo:3
EL DÍA de San Valentín, Peter se levantó de la cama al escuchar la lluvia golpeando el cristal de la ventana y a los niños llorando en su habitación.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Capitulo: 14

          

  CUANDO Lali volvió el día dos de enero se sentía bien otra vez. Estaba deseando ver a los niños, pero también convencida de su responsabilidad hacia Gaston. Él había soportado lo peor del accidente por ella, de modo que se quedaría a su lado.
            Pero en cuanto abrió la puerta de la casa se dio cuenta de qu

viernes, 13 de diciembre de 2013

Capitulo: 12

 

 

             
            EL MES de noviembre dio paso a diciembre y la primera tormenta de nieve cubrió el oeste de Pensilvania con veinte centímetros de espesor. El viejo coche deLali, que le había prestado su madre, cada día le daba más problemas, pero aún era capaz de llevarla al hospital para ver a Gas.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Capitulo: 11




Normalmente, cuando subía al coche después de visitar a Gas se sentía mejor, pero esa noche se sentía más sola que nunca.



            EL DÍA antes de Acción de Gracias brillaba el sol y hacía una temperatura perfecta. Lali entró en la cocina para darle el desayuno a los niños y descubrió que Peter ya lo había hecho... y que Gimena estaba sentada frente a la mesa.
            –Buenos días, Lali.
            –Buenos días, señora Lanzani.
            Ella hizo un gesto con la mano.
            –Por favor, déjate de señora Lanzani. Tu madre y yo somos amigas, así que puedes llamarme Gimena.
            –Buenos días, Gimena.
            –Voy a llevarme a estos dos angelitos a mi casa porque va a venir un fotógrafo.
            Peter, ocupado en meter platos y cubiertos en el lavavajillas, no dijo nada.
            –Qué bien.
       –Quiero tener fotografías de los mellizos para enseñarlas en el club de bridge y Cande va a traer a sus hijos a las doce, así tendré fotos de todos mis nietos.
            –Me parece una idea estupenda –dijo Lali.
            –¿Hoy es tu día libre?
            –Sí.
            –¿Y tienes planes?
            –Voy a hacer lo mismo que hago todos los sábados.
            –¿Y qué es?
            –Va a visitar a su prometido, mamá –intervino Peter.
            Lo había dicho con un tono cortante, antipático. Y no debería hablar por ella.
            –Ah, se me había olvidado –Gimena puso una mano en su brazo.
            –No pasa nada –murmuró Lali–. Espera, voy a guardar pañales y biberones en la bolsa para que te la lleves.
            –No te molestes en guardar ropa –dijo Gimena–. Les he comprado un par de cosas.
            –¿Un par de cosas? –repitió Peter, burlón.
            Lali fue a la habitación de los niños y cuando salió con la bolsa, Peter ya se había marchado. Mejor, pensó. Le daba igual dónde fuera o dejase de ir, ella tenía su propia vida.
            Ayudó a Gimena a meter a los niños en el cochecito y luego se duchó y se vistió para ir al hospital.
            Cuando salió de casa y vio a Peter abrillantando la moto como si no pasara nada, de repente se enfadó.
            –Si no vas a dirigirme la palabra, no deberías responder por mí.
            Él la miró con cara de sorpresa.
            –Mi madre y yo hablamos después de la fiesta sobre tu prometido. Solo estaba ayudándola a recordar.
            –Ya, claro. ¿Le dijiste a tu madre que me habías besado?
            –Le pregunté por qué no me había contado que estabas comprometida, nada más.
            –Ya, seguro.
            De repente, Lali se dio cuenta de que estaba a unos centímetros de la enorme motocicleta y, en su mente, escuchó el crujido del metal. Vio los cristales rotos, las chispas que saltaban del asfalto mientras la moto se deslizaba por el pavimento.
            Se le encogió el corazón y dio un paso atrás.
            –Esta moto te trae malos recuerdos, ¿verdad? –le preguntó Peter.
            –Sí.
            –Pues márchate. Ve a ver a Gas, es tu día libre.
            Pero  Lali se quedó inmóvil, mirándola. No sabía por qué, tal vez porque una moto como aquella le había robado cinco años de su vida. Un viaje, un minuto, un segundo y todo había cambiado para siempre.
            –¿Estás bien?
            Sus ojos se llenaron de lágrimas.
            –Es que estoy tan cansada de tener miedo a todo...
            –Es lógico que tengas miedo de una moto.
            –Sí, claro.
            –Pero no quieres tenerlo, ¿es eso?
            Lali asintió con la cabeza.
            –Podríamos ir a dar una vuelta –sugirió  Peter entonces.
            Ella dio un paso atrás.
            –No.
            –¿Habrías dejado de conducir si hubieras tenido un accidente de coche?
            –Una moto es diferente.
            –Sí, lo sé. Pero tal vez dar una vuelta es lo que necesitas para curar tu miedo –Peter le ofreció un casco.
            Ella lo miró durante unos segundos y luego, por fin, lo aceptó.
            –No puedo creer que vaya a hacerlo.
            –No va a pasar nada. Venga, sube.
            Lali subió al asiento de cuero, nerviosa. Pero recordó la sensación de vacío que había experimentado cuando estaba con  Gas en el hospital, la sensación de que no tenía vida, nada salvo a sus padres y a dos niños adorables a los que cuidaba mientras Peter trabajaba.
            Tenía que superar sus miedos para volver a vivir, para volver a estudiar, a salir con gente, para ver el futuro como algo más que un agujero negro. Tenía que curarse y convertirse en una mujer fuerte, capaz. Tenía que dejar de escuchar los ruidos de un accidente que había tenido lugar cinco años atrás.
            Tenía que hacerlo.
            De modo que se agarró a la cintura de Peter con todas sus fuerzas.
            –No va a pasar nada –repitió él, mientras la moto se lanzaba hacia delante.
            El rugido del motor la paralizó, pero estaba cómoda en el asiento, agarrada a su cintura, con el viento en la cara.
            Ya no sentía miedo, al contrario, y la felicidad de hacer algo que siempre le había gustado hacer alegró su corazón.
            Peter parecía un experto piloto y Lali, casi sin darse cuenta, apoyó la cabeza en su espalda.
            Peter Lanzani la conocía. Los padres de Gas querían que estuviera cada minuto libre con su hijo, como si no hubieran pasado cinco años. Sus padres querían que siguiera adelante con su vida...
            Peter veía su miedo y la ayudaba a superarlo haciendo que volviera a disfrutar de cosas sencillas como dar un paseo en moto.
            De repente, sintió algo... algo tan insustancial como el humo, pero casi podría jurar que era una pieza de la antigua Lali, la persona que solía ser, intentando abrirse paso, intentando darse permiso para disfrutar de la compañía de Peter.
            Pero no podía hacerlo. No solo para protegerse a sí misma sino para protegerlo a él.
            Peter detuvo la moto frente a la casa y  Lali bajó de un salto, apenada.
            –¿Qué tal?
            Ella rio. Aunque odiaba que no pudiese haber nada entre ellos, no podía disimular su alegría.
            –Asombroso.
            –¿Podrás mirarla a partir de ahora sin poner cara de susto?
            –Incluso podría tocarla alguna vez –le confesó Lali–. Gracias.
            –De nada.
            El aire parecía cargado de electricidad. Pete rhabía sentido todo lo que ella había sentido en esos cinco minutos: una conexión especial y probablemente el deseo de dejarse llevar.
            Pero no podían hacerlo.
             
             
            ***

            Cuando llegó al hospital, los padres de Gas estaban en la habitación, como siempre. Y, como siempre, unos minutos después se quedó sola.
            –La semana que viene es Acción de Gracias y pasaré el día con mis padres. Peter irá con los niños a casa de su madre porque Gime ha organizado de esas cenas tan elegantes. Había invitado a mis padres, pero les pedí que nos quedásemos en casa. No es fácil trabajar para alguien, vivir con él y, además, verlo cuando no estoy trabajando.
            Al darse cuenta de lo cerca que estaba de admitir lo que sentía por Peter, Lali cambió rápidamente de tema.
            –Además, a su madre le encanta quedarse con los niños y si yo estoy fuera tres o cuatro días ella lo pasará en grande.
            Siguió contándole aventuras de los mellizos y cuando se puso el sol, tomó su abrigo y salió de la habitación. No quería pensar que visitar a Gas le parecía cada vez más una tarea, una obligación. No quería pensarlo, pero era la verdad.
            Con cuatro días libres, los padres de Gas esperarían que fuese al hospital todos los días... y lo haría.
            Pero serían días largos y silenciosos, pensó, sintiéndose culpable de inmediato. Era ella quien había salido mejor parada del accidente. Gas se había llevado la peor, probablemente para salvarla, ¿y consideraba aburrido pasar un par de horas con él a la semana?
            ¿Cómo podía ser tan desagradecida?
             
             
            ***

            El día de Acción de Gracias, Lali ayudó a  Peter con los niños, aunque apenas se dirigieron la palabra. Cuando estuvieron bañados y vestidos, fue a su habitación a buscar la bolsa de viaje, que había preparado la noche anterior, y se dirigió a la puerta.
            Peter salía del cuarto de los niños en ese momento.
            –Oye...
            –Dime.
            –Quería hablar contigo antes de que te fueras.
            Lali tragó saliva. Si le pedía que se quedase, ¿lo haría? Aunque apenas hablasen le encantaba estar con él y con los niños. La casa de sus padres era muy silenciosa y su vida allí era un constante recordatorio de lo sola que estaba.
            –¿Necesitas algo?
            Peter sacó un sobre del bolsillo.
            –Te contrató mi madre, pero a partir de ahora te pagaré yo.
            –Pero si ella ya me ha pagado esta semana...
            –Es un dinero extra. Quiero darte las gracias por todo lo que haces por mí y por los niños.
            Un extra de mil dólares. Un dinero que podía utilizar para pagar la matrícula en la universidad.
            –No sé qué decir.
            Peter sonrió.
            –Di «gracias». Que disfrutes de tus vacaciones.
            –Gracias –Lali se dirigió a la puerta de nuevo, pero se volvió antes de salir. Desde que la llevó a dar una vuelta en la moto su relación había mejorado un poco, pero seguían mostrándose tensos el uno con el otro–. Te agradezco mucho este trabajo.
            –Y yo te agradezco que hayamos llegado a un acuerdo. Mis hijos te quieren y sé que tú los quiere a ellos. No podría haber encontrado a nadie mejor que tú.
            Peter no lo sabía, pero estaba dándola la oportunidad de ser madre, tal la vez la única que iba a tener.
            La traición de Liliah había hecho que desconfiase de todo y de todos, pero le gustaría decirle que el amor y la lealtad existían...

            Lali tragó saliva, volviéndose hacia la puerta de nuevo. Peter no era su misión sino Gas.

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estos dan mas vuelta que rama y vale XD 

BIENVENIDA HEISY 

hay no me lo pued creer es mi ultima semana en el colegio¡¡¡¡ vamo¡¡