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viernes, 13 de diciembre de 2013

Capitulo: 12

 

 

             
            EL MES de noviembre dio paso a diciembre y la primera tormenta de nieve cubrió el oeste de Pensilvania con veinte centímetros de espesor. El viejo coche deLali, que le había prestado su madre, cada día le daba más problemas, pero aún era capaz de llevarla al hospital para ver a Gas.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Capitulo: 11




Normalmente, cuando subía al coche después de visitar a Gas se sentía mejor, pero esa noche se sentía más sola que nunca.



            EL DÍA antes de Acción de Gracias brillaba el sol y hacía una temperatura perfecta. Lali entró en la cocina para darle el desayuno a los niños y descubrió que Peter ya lo había hecho... y que Gimena estaba sentada frente a la mesa.
            –Buenos días, Lali.
            –Buenos días, señora Lanzani.
            Ella hizo un gesto con la mano.
            –Por favor, déjate de señora Lanzani. Tu madre y yo somos amigas, así que puedes llamarme Gimena.
            –Buenos días, Gimena.
            –Voy a llevarme a estos dos angelitos a mi casa porque va a venir un fotógrafo.
            Peter, ocupado en meter platos y cubiertos en el lavavajillas, no dijo nada.
            –Qué bien.
       –Quiero tener fotografías de los mellizos para enseñarlas en el club de bridge y Cande va a traer a sus hijos a las doce, así tendré fotos de todos mis nietos.
            –Me parece una idea estupenda –dijo Lali.
            –¿Hoy es tu día libre?
            –Sí.
            –¿Y tienes planes?
            –Voy a hacer lo mismo que hago todos los sábados.
            –¿Y qué es?
            –Va a visitar a su prometido, mamá –intervino Peter.
            Lo había dicho con un tono cortante, antipático. Y no debería hablar por ella.
            –Ah, se me había olvidado –Gimena puso una mano en su brazo.
            –No pasa nada –murmuró Lali–. Espera, voy a guardar pañales y biberones en la bolsa para que te la lleves.
            –No te molestes en guardar ropa –dijo Gimena–. Les he comprado un par de cosas.
            –¿Un par de cosas? –repitió Peter, burlón.
            Lali fue a la habitación de los niños y cuando salió con la bolsa, Peter ya se había marchado. Mejor, pensó. Le daba igual dónde fuera o dejase de ir, ella tenía su propia vida.
            Ayudó a Gimena a meter a los niños en el cochecito y luego se duchó y se vistió para ir al hospital.
            Cuando salió de casa y vio a Peter abrillantando la moto como si no pasara nada, de repente se enfadó.
            –Si no vas a dirigirme la palabra, no deberías responder por mí.
            Él la miró con cara de sorpresa.
            –Mi madre y yo hablamos después de la fiesta sobre tu prometido. Solo estaba ayudándola a recordar.
            –Ya, claro. ¿Le dijiste a tu madre que me habías besado?
            –Le pregunté por qué no me había contado que estabas comprometida, nada más.
            –Ya, seguro.
            De repente, Lali se dio cuenta de que estaba a unos centímetros de la enorme motocicleta y, en su mente, escuchó el crujido del metal. Vio los cristales rotos, las chispas que saltaban del asfalto mientras la moto se deslizaba por el pavimento.
            Se le encogió el corazón y dio un paso atrás.
            –Esta moto te trae malos recuerdos, ¿verdad? –le preguntó Peter.
            –Sí.
            –Pues márchate. Ve a ver a Gas, es tu día libre.
            Pero  Lali se quedó inmóvil, mirándola. No sabía por qué, tal vez porque una moto como aquella le había robado cinco años de su vida. Un viaje, un minuto, un segundo y todo había cambiado para siempre.
            –¿Estás bien?
            Sus ojos se llenaron de lágrimas.
            –Es que estoy tan cansada de tener miedo a todo...
            –Es lógico que tengas miedo de una moto.
            –Sí, claro.
            –Pero no quieres tenerlo, ¿es eso?
            Lali asintió con la cabeza.
            –Podríamos ir a dar una vuelta –sugirió  Peter entonces.
            Ella dio un paso atrás.
            –No.
            –¿Habrías dejado de conducir si hubieras tenido un accidente de coche?
            –Una moto es diferente.
            –Sí, lo sé. Pero tal vez dar una vuelta es lo que necesitas para curar tu miedo –Peter le ofreció un casco.
            Ella lo miró durante unos segundos y luego, por fin, lo aceptó.
            –No puedo creer que vaya a hacerlo.
            –No va a pasar nada. Venga, sube.
            Lali subió al asiento de cuero, nerviosa. Pero recordó la sensación de vacío que había experimentado cuando estaba con  Gas en el hospital, la sensación de que no tenía vida, nada salvo a sus padres y a dos niños adorables a los que cuidaba mientras Peter trabajaba.
            Tenía que superar sus miedos para volver a vivir, para volver a estudiar, a salir con gente, para ver el futuro como algo más que un agujero negro. Tenía que curarse y convertirse en una mujer fuerte, capaz. Tenía que dejar de escuchar los ruidos de un accidente que había tenido lugar cinco años atrás.
            Tenía que hacerlo.
            De modo que se agarró a la cintura de Peter con todas sus fuerzas.
            –No va a pasar nada –repitió él, mientras la moto se lanzaba hacia delante.
            El rugido del motor la paralizó, pero estaba cómoda en el asiento, agarrada a su cintura, con el viento en la cara.
            Ya no sentía miedo, al contrario, y la felicidad de hacer algo que siempre le había gustado hacer alegró su corazón.
            Peter parecía un experto piloto y Lali, casi sin darse cuenta, apoyó la cabeza en su espalda.
            Peter Lanzani la conocía. Los padres de Gas querían que estuviera cada minuto libre con su hijo, como si no hubieran pasado cinco años. Sus padres querían que siguiera adelante con su vida...
            Peter veía su miedo y la ayudaba a superarlo haciendo que volviera a disfrutar de cosas sencillas como dar un paseo en moto.
            De repente, sintió algo... algo tan insustancial como el humo, pero casi podría jurar que era una pieza de la antigua Lali, la persona que solía ser, intentando abrirse paso, intentando darse permiso para disfrutar de la compañía de Peter.
            Pero no podía hacerlo. No solo para protegerse a sí misma sino para protegerlo a él.
            Peter detuvo la moto frente a la casa y  Lali bajó de un salto, apenada.
            –¿Qué tal?
            Ella rio. Aunque odiaba que no pudiese haber nada entre ellos, no podía disimular su alegría.
            –Asombroso.
            –¿Podrás mirarla a partir de ahora sin poner cara de susto?
            –Incluso podría tocarla alguna vez –le confesó Lali–. Gracias.
            –De nada.
            El aire parecía cargado de electricidad. Pete rhabía sentido todo lo que ella había sentido en esos cinco minutos: una conexión especial y probablemente el deseo de dejarse llevar.
            Pero no podían hacerlo.
             
             
            ***

            Cuando llegó al hospital, los padres de Gas estaban en la habitación, como siempre. Y, como siempre, unos minutos después se quedó sola.
            –La semana que viene es Acción de Gracias y pasaré el día con mis padres. Peter irá con los niños a casa de su madre porque Gime ha organizado de esas cenas tan elegantes. Había invitado a mis padres, pero les pedí que nos quedásemos en casa. No es fácil trabajar para alguien, vivir con él y, además, verlo cuando no estoy trabajando.
            Al darse cuenta de lo cerca que estaba de admitir lo que sentía por Peter, Lali cambió rápidamente de tema.
            –Además, a su madre le encanta quedarse con los niños y si yo estoy fuera tres o cuatro días ella lo pasará en grande.
            Siguió contándole aventuras de los mellizos y cuando se puso el sol, tomó su abrigo y salió de la habitación. No quería pensar que visitar a Gas le parecía cada vez más una tarea, una obligación. No quería pensarlo, pero era la verdad.
            Con cuatro días libres, los padres de Gas esperarían que fuese al hospital todos los días... y lo haría.
            Pero serían días largos y silenciosos, pensó, sintiéndose culpable de inmediato. Era ella quien había salido mejor parada del accidente. Gas se había llevado la peor, probablemente para salvarla, ¿y consideraba aburrido pasar un par de horas con él a la semana?
            ¿Cómo podía ser tan desagradecida?
             
             
            ***

            El día de Acción de Gracias, Lali ayudó a  Peter con los niños, aunque apenas se dirigieron la palabra. Cuando estuvieron bañados y vestidos, fue a su habitación a buscar la bolsa de viaje, que había preparado la noche anterior, y se dirigió a la puerta.
            Peter salía del cuarto de los niños en ese momento.
            –Oye...
            –Dime.
            –Quería hablar contigo antes de que te fueras.
            Lali tragó saliva. Si le pedía que se quedase, ¿lo haría? Aunque apenas hablasen le encantaba estar con él y con los niños. La casa de sus padres era muy silenciosa y su vida allí era un constante recordatorio de lo sola que estaba.
            –¿Necesitas algo?
            Peter sacó un sobre del bolsillo.
            –Te contrató mi madre, pero a partir de ahora te pagaré yo.
            –Pero si ella ya me ha pagado esta semana...
            –Es un dinero extra. Quiero darte las gracias por todo lo que haces por mí y por los niños.
            Un extra de mil dólares. Un dinero que podía utilizar para pagar la matrícula en la universidad.
            –No sé qué decir.
            Peter sonrió.
            –Di «gracias». Que disfrutes de tus vacaciones.
            –Gracias –Lali se dirigió a la puerta de nuevo, pero se volvió antes de salir. Desde que la llevó a dar una vuelta en la moto su relación había mejorado un poco, pero seguían mostrándose tensos el uno con el otro–. Te agradezco mucho este trabajo.
            –Y yo te agradezco que hayamos llegado a un acuerdo. Mis hijos te quieren y sé que tú los quiere a ellos. No podría haber encontrado a nadie mejor que tú.
            Peter no lo sabía, pero estaba dándola la oportunidad de ser madre, tal la vez la única que iba a tener.
            La traición de Liliah había hecho que desconfiase de todo y de todos, pero le gustaría decirle que el amor y la lealtad existían...

            Lali tragó saliva, volviéndose hacia la puerta de nuevo. Peter no era su misión sino Gas.

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estos dan mas vuelta que rama y vale XD 

BIENVENIDA HEISY 

hay no me lo pued creer es mi ultima semana en el colegio¡¡¡¡ vamo¡¡ 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Capitulo: 10





–Es estupenda, pero puede que tengamos un problema porque no quiere lo que yo quiero –murmuró.

            Y si no aprendía a controlarse, tarde o temprano haría alguna estupidez. Y la próxima vez  Lali podría marcharse.

jueves, 17 de octubre de 2013

Capitulo 9

           


Peter corrió tras ella, pero un viejo amigo de su madre lo detuvo para hacerle preguntas sobre posibilidades de inversión en la empresa mientras Lali salía del salón con sus padres.
            –Lo siento, pero tengo que hablar con una persona urgentemente –se disculpó–. Luego te veo.
            Corrió al vestíbulo, pero ya era tarde. Había un grupo de personas despidiéndose de Gimena, pero Lali y sus padres ya se habían ido.
            –Despídete de los Stevenson, cariño.
            Peter decidió cumplir con sus deberes familiares, pero no podía dejar de preguntarse si tendría una niñera cuando volviese a casa.


             
            LA VOZ de Lali despertó a Peter al día siguiente, pero en lugar de saltar de la cama para ayudarla se tapó la cabeza con el edredón.
            ¿De verdad la había besado la noche anterior?
            Sí, porque era un idiota. No sabía qué había pasado en la fiesta, pero no podía culpar a Cande por lo que había intuido con tal claridad: le gustaba Lali.
            Le gustaba más de lo que le había gustado ninguna otra mujer en mucho tiempo, pero no debería haberla besado porque no solo era un hombre con dos hijos y serios problemas de confianza sino que, además, la necesitaba.
            Lali era la niñera de sus hijos. Tenía que respetar la relación profesional que había entre ellos y no debería haberla besado.
            Ella había salido corriendo como Cenicienta y seguramente estaría a punto de decirle que no quería seguir trabajando para él...
            Suspirando, Peter apartó el edredón.
            El beso había sido un error y se disculparía. No pasaría nada, no tenía tanta importancia.
            Tomó una camiseta y se la puso a toda prisa antes de entrar en la habitación de los niños.
            –Buenos días.
            –Buenos días.
            Lali apartó la mirada inmediatamente y  Peter se sintió avergonzado. No sabía por qué se sentía tan tímido estando con ella, por qué quería algo más que una relación niñera-jefe. Pero fuera lo que fuera, era un error. Tenía que serlo. Si no, intentaría conquistarla, flirtear con ella como había hecho con otras mujeres. Como no podía hacer eso, tampoco se dejaría llevar por el deseo de besarla.
            –Antes de que digas nada, quiero pedirte disculpas por lo que pasó anoche –empezó a decir, señalando a Tomas, que daba saltos en el andador.
            –Ya están bañados y desayunados –Lali levantó a Alay del cambiador para dejarla en la cuna–.Peter, tenemos que hablar.
            No iba a dejarlo escapar con una simple disculpa, estaba claro.
            –Por favor, no te vayas. Me he portado como un idiota, pero te juro que no volverá a pasar.
            Lali se llevó una mano al cuello y sacó una cadena de la que colgaba un anillo.
            –Estoy comprometida.
            Peter tardó unos segundos en entender lo que estaba diciendo, pero cuando lo hizo tuvo que dejarse caer en una de las mecedoras.
            –¿Estás comprometida?
            –Sí.
            Y él pensando que se sentía atraída por él... era lógico que hubiera salido corriendo.
            –Lo siento.
            Lali se aclaró la garganta.
            –No tienes por qué disculparte. No llevo puesto el anillo, así que no podías saberlo.
            Peter no podía creerlo. ¿Estaba comprometida? Pero había bailado con él, había tonteado con él...
            –Mi prometido conducía la moto cuando tuvimos el accidente –siguió Lali–. Iba a darme el anillo esa noche, pero... en fin, él no tuvo tanta suerte como yo. Está en coma, Peter. Lleva cinco años en coma.
            –Vaya, lo siento mucho.
            –Sus padres encontraron el anillo y la carta en la que me pedía en matrimonio, escrita en un trozo de papel gastado... –Lali tuvo que aclararse la garganta–. Parecía haberla escrito y reescrito varias veces. Gas no pudo decírmelo de viva voz, pero conservé el anillo... aquí.
            Peter asintió con la cabeza. Estaba prometida y cuando intentaba divertirse un poco, su jefe había intentado ligar con ella.
            –¿Es eso lo que haces los sábados y domingos? ¿Visitar a tu prometido?
            –Sí.
            –Lo siento mucho.
            –Yo también –Lali sacó a Tom de su andador–. No es fácil. A veces siento que llevo sola toda mi vida. Y si quieres que sea sincera, me siento atraída por ti. Anoche me quedé abrumada, pero estoy comprometida con Gas y me encanta este trabajo. El accidente lo tuve a los veinte años y este es mi primer trabajo serio, pero no puedo seguir siendo la niñera de Tomas y ALAysi tú estás interesado por mí.
            –No, no lo estoy –anunció Peter. Decir eso el día anterior hubiera sido una mentira, pero en aquel momento era cierto. Lali estaba prometida, de modo que no había nada que hacer–. Y quiero que sigas siendo la niñera de mis hijos.
            –¿Entonces no hay ningún problema?
            –No, ninguno.
             
             
            Peter jugó con los niños durante toda la mañana mientras ella ponía varias lavadoras. Luego, a mediodía, dieron de comer a los niños y los metieron en sus cunas.
            Peter hizo un par de llamadas desde su habitación y cuando salió Lali estaba sentada en el sofá...
            Antes de que pudiese decir nada, alguien llamó a la puerta. Era Robert, el guardés de la finca, con una fiambrera en la mano.
            –Para usted, señor Lanzani.
            –¿Qué es? –preguntó Lali.
            –La comida. He llamado a la cocina para pedir que la trajeran.
            –No tenías por qué hacerlo.
            –Lo sé, pero anoche tuvimos un... tropiezo y he pensado que sería bueno que hablásemos de ello.
            –¿En serio?
            –Si seguimos hablando, tarde o temprano empezaremos a sentirnos cómodos el uno con el otro.
            Peter estaba dispuesto a probar lo que fuera.
            –¿Y de qué deberíamos hablar?
            Él se encogió de hombros mientras sacaba vasos y platos del armario.
            –No lo sé. En realidad te debo más de una disculpa. Me siento mal por haber hecho ese comentario sobre tu conjunto. Era precioso.
            –No pasa nada. Tú no sabías lo de mi pierna.
            –¿Te duele?
            –Cuando llueve o cambia el tiempo.
            Peter sonrió.
            –No es verdad.
            –Sí es verdad. Me duele cuando cambia el tiempo. Tiene algo que ver con los cambios de presión y con la humedad.
            –¿Te duele mucho?
            –Antes me dolía mucho, ahora menos –Lali levantó la pernera del pantalón para mostrarle la pierna, con cicatrices y todo.
            –Casi parece artificial.
            –Es por los injertos de piel.
            –¿Tuvieron que hacerte injertos de piel?
            –Me operaron muchas veces y tuve que hacer años de rehabilitación.
            –Imagino que lo pasarías mal.
            Lali se encogió de hombros.
            –Siento como si hubiera perdido cinco años de mi vida. Tengo veinticinco, pero en muchos sentidos es como si aún tuviese veinte.
            Peter asintió con la cabeza. Tenía un novio, pero como ella misma había dicho era casi una niña cuando sufrió el accidente y a partir de ese momento su vida había quedado en suspenso. Eso explicaba muchas cosas.
            Aunque aquella conversación debería haber cortado de raíz la atracción que sentía por Lali, Peter se sentía decepcionado. Pero se recordó a sí mismo que a menudo las relaciones no funcionaban, especialmente las suyas, de modo que debería alegrarse de que fuera una persona sensata y, sobre todo, de que a pesar de todo quisiera ser la niñera de sus hijos.
            Después de comer, Lali se tomó el resto del día libre y cuando volvió a casa Peter ya había metido a los niños en la cuna, de modo que le dio las buenas noches y fue directamente a su habitación.
            Peter fue a trabajar al día siguiente con la sensación de que todo había vuelto a la normalidad entre ellos y, antes de marcharse, llamó a la cocina para pedir que les llevasen la cena. Mientras se quitaba la chaqueta, Lali colocó platos y cubiertos en la mesa mientras los niños balbuceaban en sus tronas.
            Peter intentó no pensar en cuánto le recordaba esa imagen al sueño que había tenido cuando Liliah le dijo que estaba embarazada. Aunque odiaba admitirlo, estaba creando la imagen de una familia feliz... con Lali en ella.
            Una campanita de alarma sonó en su cerebro, pero decidió no hacer caso. Él era un hombre adulto con dos niños pequeños que necesitaban una niñera, eso era lo único importante. La madre de los mellizos le había hecho demasiado daño como para creer en fantasías, especialmente con una mujer que le había dejado bien claro que no podía haber nada entre ellos.
            Cuando abrió la fiambrera del asado, el aroma llenó la cocina.
            –Nadie cocina como Emma.
            –Desde luego –asintió Lali–. Seguramente engordaré veinte kilos antes de irme de aquí.
            Una conversación normal, pensó Peter. Nada personal.
            –Veinte kilos en dieciocho años no está tan mal. Algunas personas engordarían más.
            Lali hizo una mueca.
            –No creo que vaya a quedarme aquí dieciocho años.
            –¿No?
            –No –respondió ella, en voz baja–. Al principio pensé que sí, pero los niños no necesitarán una niñera durante tanto tiempo. Además, quiero terminar mis estudios.
            –¿Ah, sí?
            –Antes del accidente estaba estudiando administración de empresas... por estudiar algo. Pero le he tomado tanto cariño a tus hijos que he decidido ser profesora de primaria. Aunque para eso tengo que terminar la carrera, claro.
            Peter asintió con la cabeza. No tenía ninguna responsabilidad hacia ellos aparte de su trabajo y después de lo que había tenido que sufrir merecía una segunda oportunidad en la vida.
            –Creo que serías una profesora estupenda.
            –No sé si lo creerás, pero yo era una niña tímida.
            –¿No me digas? –bromeó Peter.
            –Entonces era más tímida que ahora, pero mis profesores hicieron todo lo posible para que me integrase con los demás alumnos. Y eso es lo que quiero ser: alguien que entiende los problemas de los niños y los ayuda.
            –Me parece muy buena idea –dijo él, aunque no era exactamente lo que estaba pensando.
            –Había pensado tomar clases nocturnas, por supuesto. No creerías que iba a dejarte solo con los niños, ¿verdad?
            El corazón de Peter dio un vuelco. Iba a quedarse. Había pensado en ellos y había hecho planes teniéndolos en cuenta.
            Todo lo contrario que Liliah.
            La emoción que experimentó en ese momento casi lo asustaba. Solo habían pasado unas semanas, pero empezaba a sentir algo extrañamente fuerte por aquella chica.
            Porque era buena, sincera, inteligente.
            Dulce, amable.
            Todo lo que siempre había querido en una mujer.
            Pero no podía tenerla.
            Ni siquiera debería desearla. Si no tenía cuidado, iba a romperle el corazón.
            –No tienes que quedarte, Lali.
            –Pero es que me he encariñado con los niños. Y oí lo que dijiste el primer día.
            –¿A qué te refieres?
            –Sé que Tom y Alay  han sido abandonados por su madre –respondió Lali–. Tú querías que tuvieran continuidad y yo puedo ser parte de esa continuidad.
            ¿De verdad podía ser tan generosa?, se preguntó Peter.
            Lali puso una mano sobre la suya.
            –Me gusta sentir que alguien me necesita. Creo que estar aquí contigo y con los niños me está ayudando a rehacer mi vida. Hasta que os conocí tenía la intención de seguir en mi casa, compadeciéndome de mí misma, pero tú haces que me sienta útil.
            Peter contuvo el aliento. ¿Él la hacía sentir bien consigo misma? Ella estaba restaurando su fe en la humanidad. Era tan diferente a Liliah que resultaba increíble que pertenecieran a la misma especie. ¿Y creía que él estaba ayudándola?
            Nervioso, se aclaró la garganta.
            –Tú también eres muy buena para mí y para mis hijos.
            En ese momento, Tomy empezó a llorar y  Lali se levantó de un salto.
            –¿Que te ocurre, pequeñajo? ¿Quieres que alguien te tome en brazos?
            Tomy apoyó la cabecita en su hombro.
            –Yo lo haré, tú sigue comiendo –dijo Peter.
            –No hace falta. Come, creo que Tomy solo necesita estar unos minutos en brazos.
            Después de decir eso salió de la cocina y Peter miró a Alay, que le sonreía desde su trona.

            –Es estupenda, pero puede que tengamos un problema porque no quiere lo que yo quiero –murmuró.

:(

sábado, 12 de octubre de 2013

Capitulo: 8

  

             
            EL SÁBADO, Peter se estiró perezosamente, pero al ver la hora que era se levantó de un salto y corrió a la habitación de los niños... para ver a Lali jugando con ellos sobre la alfombra.
            –¿No es tu día libre?
            Ella levantó la cabeza y, al verlo con el torso desnudo, apartó la mirada. Pero no inmediatamente... no, se había fijado en sus abdominales, estaba seguro.
            Al principio, se enfadó consigo mismo por no haberse puesto una camisa, pero de repente una absurda idea entró en su cabeza: Lali se sentía atraída por él.
            Le parecía bien. Al fin y al cabo, era una chica encantadora que se portaba muy bien con sus hijos. Estando medio dormido, no recordaba por qué eso era malo.
            Lali se levantó de la alfombra.
            –Tienes razón, es mi día libre y tengo que empezar a moverme. Quería que desayunaras antes de dejarte solo con los niños, por eso no te he despertado, pero tengo que irme.
            Peter la vio salir, pensativo. Muy bien, entonces no estaba tan contenta como él por la atracción que había entre los dos, pero había visto el brillo de sus ojos cuando entró en la habitación...
            ***

             
             
            Lali salió de su dormitorio y el corazón de Peter dio un vuelco. El jersey que llevaba marcaba sus curvas y las gafas de sol le daban un aspecto elegante y sexy.
            –Voy de compras con mi madre y luego me vestiré en su casa para la fiesta. Cande y Trisha vendrán a las seis para quedarse con los niños.
            –Muy bien.
            –Adiós.
            Peter miró la puerta cerrada con el corazón acelerado, sus hormonas enloquecidas.
            Vico tenía razón, no podía pasar el resto de su vida evitando a la familia porque su padre hubiera sido un canalla. Y, si aceptaba sus consejos, tampoco podía pasar el resto de su vida evitando a las mujeres por culpa de Liliah.
            Había pasado un año desde que rompió con él y, sin embargo, llevaba quince meses sin tener una relación. Era comprensible que le gustase la única mujer con la que tenía contacto. Lali era una chica atractiva, pero una relación con ella sería un error, de modo que la respuesta tal vez no era despedirla sino encontrar otra mujer.
            Tal vez era hora de volver a la tierra de los vivos.
             
             
            A las siete, Peter vaciló cuando iba a salir de la casa. Esa tarde, Vico había conseguido que se comprometiera a trabajar en la empresa familiar, esa era la buena noticia. La mala era que Lali sería la niñera de sus hijos permanentemente y eso significaba salir con otras mujeres para dejar de pensar en la niñera.
            Pero ir a una fiesta que su madre había organizado con la intención de que conociese a otras mujeres lo hacía sentir incómodo.
            –¿De verdad no te importa que me vaya, Trisha?
            Su sobrina soltó una carcajada. Tenía el pelo largo como su madre y era delgada y alta como su padre.
            –No te preocupes, tío Pitt, he cuidado tantas veces de mi hermano Clayton que prácticamente lo he criado yo.
            –Seguro que sí.
            –En serio, vete. Si pasara algo, llamaría al móvil de la abuela. Además, también tengo el móvil de tu niñera.
            –¿Ah, sí?
            –Me lo ha dado mi madre.
            Era un poco raro que Lali no le hubiese dado el número de su móvil, pensó Peter .
            En fin, podía llamar al teléfono fijo si quería algo. ¿Pero y si tenía que hablar con ella cuando no estaba en casa?
            Su desconfianza aumentó, pero no podía sospechar de todo el mundo. Si aquella no era la prueba de que tenía que volver a salir con alguien no sabía cuál podría ser.
            Entró en la casa principal por una puerta lateral y atravesó varios pasillos antes de llegar al vestíbulo, con una enorme lámpara de araña, suelos de mármol y cuadros que valían millones y que decían a los invitados que su madre tenía más dinero que algunos países del Tercer Mundo.
            Gimena, con un vestido gris y una chaqueta de un tejido brillante, se acercó con los brazos abiertos.
            –Cariño, estás muy guapo.
            Peter tiró del cuello de su camisa.
            –Gracias.
            –La mitad de los invitados han llegado ya y he organizado esta fiesta para que saludases a todo Pine Ward, así que mézclate con la gente.
            Peter entró en el enorme salón, decorado con modernos muebles en blanco y negro y alfombras blancas sobre el suelo de madera. Era un sitio tan diferente al clásico vestíbulo que los invitados solían quedarse parados en la puerta.
            Él entró en el salón, decidido. Si iba a volver al mundo de los vivos, tendría que hacerlo con ganas. Charló con su hermano y su cuñada, saludó a viejos amigos a los que no había visto desde que se marchó de Pine Ward y conoció a dos mujeres interesantes, Tina una morena de enormes ojos azules y Marcie, una rubia agente inmobiliaria que parecía claramente interesada. Pero, sin poder evitarlo, miraba hacia el vestíbulo buscando a Lali.
            –Su madre y ella han ido de compras. Imagino que llegarán un poco más tarde.
            Peter se volvió para mirar a su cuñada.
            –No estaba buscando a Lali.
            –Sí estabas buscándola –Cande, con un precioso vestido de cóctel negro, le hizo un guiño–. Es guapísima y tú eres un hombre normal.
            –Pues el hombre normal acaba de conocer a dos mujeres muy atractivas –bromeó Peter, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.
            Su cuñada soltó una risita.
            –Lo he visto, pero ninguna de ellas es tan guapa o tan encantadora como Lali.
            –¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees que debería tener una relación con una empleada?
            –Creo que deberías hacer lo que te dicte el corazón.
            Antes de que Peter pudiera replicar, Lali y sus padres entraron en el salón.
            Ella llevaba un top sin mangas de color beige con un pantalón a juego. Muy elegante, aunque poco revelador. Pero estaba tan guapa... era lógico que las otras mujeres no lo hubieran interesado.
            –Si vas ahora mismo se va a notar mucho –bromeó su cuñada.
            –No pensaba ir ahora mismo, pero cuando lo haga será simplemente como amigo. Es mi niñera, no estoy interesado.
            –Sí, claro, estás ahí mirándola como un crío porque no te sientes atraído por ella – Cande le dio la vuelta, empujándolo hacia delante–. Charla con los demás invitados y cuando Lali se acerque intenta fingir que lo estás pasando bien.
            –No voy detrás de Lali–insistió Peter.
            –Lo que tú digas.
            –Es una empleada que vive en mi casa y yo soy un hombre que ya no puede confiar en nadie. Lali merece algo mejor.
            –Liliah fue un obstáculo que la vida te puso por delante, pero has vuelto a casa y vas a empezar de nuevo. Date un respiro y ve tras la mujer que te interesa sin darle tantas vueltas.
            Peter se alejó sacudiendo la cabeza y estuvo casi una hora charlando con otros invitados sobre proyectos inmobiliarios, escrituras, obras. Hizo lo mismo durante la cena y cuando llegó la hora del baile, pero ninguna de aquellas mujeres lo interesaba de verdad y no podía dejar de buscar a Tory con la mirada... hasta que no pudo encontrarla entre la gente.
            Estaba casi seguro de que sus padres y ella se habían ido sin despedirse cuando la vio entre la gente.
            Podría haber sido la hija o la esposa de uno de los invitados más acaudalados. Alta, elegante, bien peinada. Aunque las demás mujeres llevaban vestidos y mostraban las piernas, ella llamaba la atención más que ninguna.
            Si quería empezar de nuevo, si merecía una segunda oportunidad, ¿no debería buscarla?
            Sin darse más tiempo para pensar, se dirigió hacia ella.
            –¿Estás intentando hacerte la interesante?
            –¿Perdona?
            –Me refiero a ese conjunto. Todas las demás mujeres llevan vestido.
            Lali se puso colorada y  Peter deseó darse de tortas... ¿por qué había tenido que decir eso?
            Ella se aclaró la garganta.
            –Tuve un accidente de moto hace unos años y me rompí la pierna por varios sitios –empezó a decir–. Ahora está mejor, pero... aún me quedan muchas cicatrices.
            Vaya, el fracaso más grande en la historia de los flirteos, pensó Peter .
            –Lo siento mucho, yo...
            Ella puso una mano en su brazo.
            –No pasa nada, ya no tienen que seguir operándome y he terminado la rehabilitación. Estoy bien.
            El roce de su mano lo hizo sentir algo especial, no sabía bien qué. Lali era guapa, inteligente y le gustaba mucho, pero estaba portándose como un completo idiota. No debería haberle hecho caso a Cande .
            Peter suspiró, sin saber qué decir. Además, no quería hablar sobre algo que la deprimiera.
            –¿Quieres que bailemos? –le preguntó, ofreciéndole su mano.
            Lali miró alrededor, como si estuviera buscando una forma de escapar, y él tragó saliva, decepcionado. No podía haber confundido cómo lo miraba. No, sabía que no era así.
            –No debería haber hecho ese comentario sobre tu conjunto, pero si te sirve de consuelo creo que me ha avergonzado a mí mismo mucho más que a ti. Baila conmigo para demostrar que me has perdonado.
            Ella sonrió.
            –¿De verdad te sientes avergonzado?
            Si así conseguía que bailase con él y se olvidara de la conversación...
            –Sí.
            Lali tomó su mano.
            –Muy bien.
            Peter la llevó hacia la zona que Gimena había habilitado como pista de baile y ella tuvo que hacer un esfuerzo para disimular su agitación. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que sintió el calor del cuerpo de un hombre que le costaba respirar.
            –¿Tienes frío?
            –No, no.
            Peter era su jefe y estaba siendo amable con ella, se repetía a sí misma. Solo era un baile, no iba a pasar nada.
            –Me gusta la casa de tu madre.
            –Sí, a ella también. Pero no me gustaría tener que pagar las facturas que mi madre paga todos los meses.
            Lali sonrió.
            –Es que le gusta tenerlo todo tan bonito.
            –Cuando éramos pequeños no había ninguna habitación que estuviera prohibida para nosotros, pero un equipo de limpieza entraba detrás de nosotros para dejarlas relucientes.
            –¿En serio?
            –Sí –respondió peter –. Por eso no quiero tenr una casa como esta. No quiero que Alay y Tomas sientan la presión de ser perfectos. ¿Te puedes imaginar la que organizarán los mellizos cuando tengan cuatro o cinco años?
            Lali podía hacerlo, desde luego. Podía ver dibujos en las paredes, zumos sobre la alfombra, manchas de barro por todo el suelo.
            –A lo mejor tienes suerte y se portan como dos angelitos.
            –Vico era el niño perfecto y metió una rata en su dormitorio.
            Ella se echó hacia atrás, haciendo una mueca.
            –¡Una rata!
            –No la encontró en la calle, la compró en una tienda de animales.
            –Pero las ratas propagan enfermedades y tienen unos dientes puntiagudos...
            –Pues Vico estaba loco por ella.
            Mientras daban vueltas por la pista de baile, el calor de su cuerpo parecía traspasarla.
            –Aquí hace un poco de calor, ¿no?
            –Seguramente tienes calor porque estamos bailando.
            –Tal vez.
            Sin dejar de bailar, Peter la llevó hacia la puerta que daba al jardín. Era una noche de octubre inusualmente cálida...
            –¿Por qué no salimos un rato?
            Lali se apartó un poco, aclarándose la garganta.
            –Debería ir a buscar a mis padres.
            –Pero si aún no has bebido nada. Y tampoco has comido mucho. No es que haya estado vigilándote, pero he notado que no parecías disfrutar mucho de la fiesta.
            –Es una fiesta estupenda...
            –Entonces, salgamos un rato –insistió él–. Fuera se está mejor.
            –Muy bien, como quieras.
            Salieron al jardín y  Peter la llevó hacia los rosales de su madre.
            –Mira, la luna está muy bonita.
            –Sí, pero tengo que buscar a mis padres. Es tarde y tal vez quieran volver a casa –dijo Lali, nerviosa.
            Y él tendría que quedarse allí dos horas más, mezclándose con gente que no le interesaba nada.
            –Puedes quedarte el tiempo que quieras, yo te acompañaré después.
            –No hace falta.
            Peter tiró de su mano cuando iba a darse la vuelta, pero lo hizo con demasiada fuerza y Lali prácticamente cayó sobre su pecho. Y entonces, estando tan cerca, hizo algo que le parecía tan natural como respirar: inclinó la cabeza para buscar sus labios y, al rozarlos, experimentó un deseo que no había experimentado nunca. Había algo en aquella mujer que lo atraía poderosamente, algo que lo empujaba a desear más, a tomar más.
            Y ella respondió. Aunque al principio había parecido un poco asustada, Lali le devolvió el beso y Peter supo sin la menor sombra de duda que sentía lo mismo que él.

            Pero, de repente, se apartó, como si no pudiera respirar, y entró corriendo en el salón.  


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Hola, Hola volvi no me podia conectar porque tenia mucha tarea Peerdon
   Vierron lo que paso que va a pasar ahora?¿
  ¿Lali va a seguir trabajando para peter?